viernes, 10 de mayo de 2019

El proyectorista y el poeta

(Publicado por la Revista Intramuros N48, Febrero de 2019) 

Los primeros trabajos de las personas siempre encierran anécdotas fabulosas. Un poco por el ánimo de dejar -de forma prematura- la impronta propia en un quehacer; un poco porque el paso del tiempo le agrega esa condición fabular que nos obligará a aterrizar en la zona ficcionalizada de la memoria.

En mi caso había estudiado fotografía (en aquel entonces precámbrico las máquinas que manipulaba hacían “clack” al obturar, mientras que hoy permanecen abandonadas en distantes capas de la geología de las prácticas culturales) por lo que estaba familiarizado con las lentes, las películas y la luz. Debido a ello no resultó tan llamativo que comenzara mi actividad en el mundo de las instituciones culturales como proyectorista. Trabajaba en un cineclub céntrico llamado El Ángel Azul armando las películas de 16 y 35 milímetros que un equipo de críticos había programado previamente, y cada noche las proyectaba a una feligresía creyente en el poder celestial del celuloide.

Era un trabajo nocturno, fuertemente atravesado por la bohemia, que contaba entre sus virtudes una tolerancia a otras actividades diurnas como el estudio, la caza de imágenes urbanas silvestres (que es fisiológicamente indispensable para un flaneur de los 90s) y cuyo gremio permitía consumir todo el cine que uno quisiera sin pagar la entrada en sala alguna.

Pero aquella pequeña sala en particular hacía gala de una condición cineclubística caracterizada por el material exhibido pero también por su público. De este último colectivo, debido a mis preocupaciones de entonces, he de destacar un significativo número de romances juveniles cargados de lírica e idealismos, además de una muy buena musculatura del ojo cinéfilo y la consecuente osamenta de la imaginación.

De aquel tiempo hermoso recuerdo especialmente dos capítulos. El primero: una noche proyectábamos El Pibe de Carlitos Chaplín (todo un alivio después de una temporada de Ingmar Bergman movilizando nuestras vísceras emocionales) y, al finalizar el film, debido esa montaña rusa de emociones que combina en dosis precisas, alegría, piedad y pena, los asistentes aplaudieron. Fue un momento apoteósico ya que, al no estar ni Chaplin ni Jackie Coogan presentes, decidí apoderarme de ese reconocimiento que iba dirigido a quienes habían realizado la obra. Esa noche me apropié de ese agradecimiento por el simple hecho de haber puesto a rodar la película, y por sobre todas las cosas, esa noche supe que quería ser. Mucho antes que apareciera la idea de gestor cultural, sentí un llamado, una celebración por el oficio de montar actividades culturales de la forma más elemental. Era el ejercicio puro de agitador cultural. Era promover la unión entre la creación y el público. Un momento para que el arte sea encuentro, sea cultura viva.

El Segundo, ¡y qué bronca me da que queda poco espacio!: Antes en ese mismo tiempo, transité una inusual entrevista laboral con el director de la institución. La Argentina vivía tiempos de menemismo y trajes oscuros decorados con caspa en los hombros, pero este hombre, un cincuentón que acababa de volver de un exilio autoinfringido en España, me hacía preguntas con absoluta naturalidad a bordo de un estridente traje dos piezas de color verde. Era Daniel Salzano, uno de los grandes poetas de esta parte del atardecer.

Desde entonces y por muchos años tomamos tantos cafés juntos -él lágrima, yo negro o rubia y fresca- que podríamos conectar Córdoba con Hollywood uniendo sobrecitos de azúcar sin usar. Él diabético, yo amargo.

No estoy en condiciones, y probablemente nadie pueda, de intentar la descripción de un hombre compuesto íntegramente por palabras. Pero se merece un espacio particular, en tanto autor del mejor puente entre Madrid y Córdoba, un ejercicio que entiendo persigue esta columna y razón por la cual me voy a animar a dejar unas palabras que alguna vez compartiera sobre el escritor que decía, en referencia al diario local, nunca escribí en otra parte que no fuera La Voz. Creí que era una hazaña, pero ahora me doy cuenta que es un honor.

Nacido y criado en la calle Charcas, a la sombra de los alaridos de las locomotoras, siempre fue un antiacadémico que aprendió a escribir en resmas de servilletas que exigían libertad de uso. Sépanlo, insisto, tipos como Daniel Salzano sólo necesitaban un curso de mecanografía. Decidió ser poeta leyendo a Tuñón en un tranvía, siempre demostró que estaba vivo escribiendo. Por eso es inmortal. Confió en sus manos. Yo las conocí y puedo jurarlo, era el poeta mayor de esta ciudad. Vivió en España para pelearse con su vecino Rafael Alberti cuando este último le pegaba trompadas a la pared para que el Espadachín mayor de la Ciudad de Córdoba, dejara de joder con la máquina de escribir.
Fue allá, en España, donde Salzano vio renacer la democracia argentina, y tomando imágenes de una reunión con Alfonsín y su gato, escribió un carta a su viejo, un ferroviario radical ,pronosticando el triunfo de las libertades y los derechos humanos.
Caminó Madrid de punta a punta pero nunca encontró un cortado al revés que huela como una etiqueta de Saratogas recién abiertos -sus fasos preferidos- y, habiendo viajado por todo el globo, nunca encontró un feca mejor tirado que esa tacita del céntrico Sorocabana donde una escultura lo recuerda. En síntesis, el poeta concluyó que el sabor de un café surgía de compartirlo con un amigo, por eso hoy siguen sentándose a su lado cientos de cordobeses en busca de su identidad.
Se volvió a Córdoba y ordenó alfabéticamente los trajes más alegres del microcentro en su guardarropas. Salzano nunca había perdido la tonada que nos caracteriza pero había ganado los años de libertad autografiada por Felipe González, mientras acá langidecíamos recalentados en el microondas de la dictadura. Salzano traía la libertad y se notaba porque vestía como una persona feliz, y decía -y por eso este pequeño homenaje- la emoción es un muy buen motor para escribir.

Una verdad que hago propia al recordarlo en esta oportunidad de oro que ofrece la revista para edición dedicada a Córdoba.


Nací en Córdoba en Febrero de 1976. Soy de los afortunados argentinos abrazados por la educación pública: Estudié en el Colegio Nacional de Monserrat, luego cursé estudios de fotografía y derecho. Un tiempo después me licencié en Política y Administración de la Cultura por la Univ. Nacional Tres de Febrero donde aún colaboro en sus cátedras. He publicado en diversos medios y antologías y , además he podido presentar algunas ideas en libros que editó RGC, editorial especializada en Gestión Cultural de Argentina. Me tocó conducir el Centro Cultural España Córdoba (labor que se me reconoció con la Orden de Isabel La Católica) y, más recientemente, la Secretaría de Cultura de Córdoba. Me distinguieron como Joven Sobresaliente, con una beca Universia, y el gobierno de España también lo hizo con un proyecto del MInisterio de Asuntos Exteriores.

Ahora que no soy más joven y que, en todo caso estoy del otro lado del mostrador de las becas, miro en retrospectiva todas esas personalidades e ideas que componen mi hacer cotidiano y creo que las exposiciones, las conferencias y cada una de las sobremesas que compartí con creadores e intelectuales de la más variada índole, son la distinción que más celebro.-

sábado, 4 de mayo de 2019

#YoPropongoCultura


En el marco de la campaña electoral que tendrá lugar este Domingo 12 de Mayo hay una acción colectiva buenísima #YoPropongoCultura que consiste en pequeños videos de 15 o 30 segundos proponiendo acciones para la política cultural de los próximos años. Es una iniciativa del 220CC, discutida con el grupo Café Cultura Córdoba que contó con agite fuertísimo de Marcelo Lopez , Flor Gauna y otros referentes del sector.
La lista de quienes se sumaron hasta hora (son cerca de 100 e incluye desde Anibal Buede hasta Doña Jovita, desde Hecatombe hasta Cristina Wargon !) está en este playlist de Youtube que es está rebosante de buena ideas, o sea está linda para compartir.
Acá la lista:
https://www.youtube.com/playlist?list=PLbzxt2kxi7n1zZzpYazjGuS7CSmp6DoJS

Y acá alguno de los ejemplos: 

Somos:

1. Julieta Fantini

2. Aníbal Buede

3. Majo Arrigoni

4. Juan Juarez

5. Ricardo Bertone

6. Eduardo De La Cruz

7. Pablo Lopez

8. Jorge Monteagudo

9. Vituss

10. Nelson Specchia

11. Gonzalez

12. Karina Frias

13. Cuello

14. Elian Chali

15. Javier Pez

16. Pancho Marchiaro

17. Franco Rizzi

18. Germán Panichelli

19. Osvaldo Brizuela

20. Ana Zeppi

21. Franco Di Martino

22. Orlando Branca

23. Chumbi

24. Alejandra Escuela Cuentería

25. Nini Murua

26. Lili Chavez

27. Natalia García

28. Franco Morán

29. Hecatombe

30 . Cristina Wargon

31. M CeciliaLorenzo

32. Pablo Aguiar

33. Claudia Caballera

34. Martín Pino

35. Roberto Lapir

36. Teo Ciampagna

37. Marcelo Lopez

38. Sonia Daniel

39. Claudia Tejeda

40. Patricia Rojo

41. Ana Belén Si Sandro

42. Maru Artesana

43. Lu Martinez

44. Juan iñaki

45. Daniela Arch

46. Fernanda Alvarez

47.Mónica Nazar

48. Maru Becerra

49. De María

50. Gustavo Piñero

51. Flor Gauna

52. Evelín Mellano

53. Emiliano Brizuela

54. Camilo Nicolás 55. José Heinz

56. Astrid Bechara

57. Julián Lona

58. Pia Arrigoni

59. Natalia Martinez

60. For Barchellone

61. Mariana Massera

62. Enrico Barbizi

63. Martín Carrizo

64. Doña Jovita

65. Juan Ingaramo

66. Suna Rocha

67. Sebastián Pastorino

68. Sol Perez

69. Lu Bedini

70. Carlos Salinas

71. Claudia Santos

72. Claudia Riguero

73. Sol Argallo

74. Cristian Parra

75. Taborda

76. Natalia Belén Albanese

77. Mingui Ingaramo

78.Luis Zanetti

79.Ale Miraglia

80. Martin barro

81. Agustin Bazán

82. Daniel T quintana



83.Fernanda PEREZ

lunes, 1 de abril de 2019

El rumbo de las palabras, la rumba semántica

(Ponencia en el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española)

Me interesa referirme, en esta presentación a dos aspectos que rondan determinadas prácticas creativas en la era digital que podrían ser entendidos como fondo y forma.
Por fondo entiéndase qué aporte a la humanidad suponen las nuevas maneras de construir conocimiento en la contemporaneidad, mientras que por forma me gustaría detenerme en cómo se dan esas prácticas, con especial mención, claro está, del español. Con especial atención, también, a esa célebre frase de Ludwig Mies van der Rohe que sugiere “La forma no es el objetivo, sino el resultado de nuestro trabajo.”


Esta semana hemos leído que las mayores preocupaciones de la ONU se centran en el cambio climático, su impacto en los países menos desarrollados, las migraciones, la desigualdad económica, y la situación de las mujeres. Estos temas, que parecieran extraídos de reverberantes  publicaciones en redes sociales, se están sistematizando en diversas cumbres internacionales. Entre todas ellas hemos de destacar la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible que, junto a UNESCO y CGLU solicitan que la cultura sea un nuevo pilar (el cuarto) del desarrollo humano en tanto moldea lo que se entiende por pasado, presente y futuro.
En ese sentido, la lectura y escritura, así como lo audiovisual, son enormes explicaciones sobre porqué una sociedad más justa depende de estas nuevas actividades productivas, no en el futuro sino el presente. Realidad que nos cuesta entender a generaciones que nacimos con teléfonos a disco y seducciones románticas a cappella, sin tinder o matches.



No hace falta ser un estudioso de la economía creativa, como hemos escuchado en estos días, para reconocer que mientras las industrias tradicionales -históricamente beneficiarias de políticas, y legislación- reducen su capacidad para construir empleo, cada vez más personas trabajan escribiendo, traduciendo, analizando o produciendo material destinado a la pantalla. Alcanza con compararles, en una provincia y país agrario, con la actividad del campo cuya reducción en la toma de empleo es alarmante. Lo mismo podemos señalar sobre el carácter emprendedor e independiente de los creativos en contraste con la viejas formas del trabajo, siempre lineal y aplastante, especialmente a la hora de distribuir los resultados financieros, cuando el aplastamiento es la norma.
Mientras que en la minería, la metalmecánica o la construcción, muchos ganan poco y pocos ganan mucho, entre los trabajadores de la palabra y lo audiovisual encontraremos una tendencia hacia una virtuosa ecuación en las proporciones, las tajadas, de la torta a distribuir.
Pero no sólo hablamos de una oportunidad histórica de construir trabajo emprendedor remunerado con cierta simetría, sino que supone uno de los sectores con mejor tasa de trabajadoras mujeres. Auscultando las industrias antes descriptas: construcción, minería, metalmecánica y tantas otras encontramos que las mujeres ocupan lugares menores en la cadena de valor, mejorando su proporcionalidad, y lo decimos con tristeza, en sectores administrativos, de limpieza o alimentación del equipo.
Por el contrario, en los sectores que comentamos, se observa una mayoría de trabajadora, con buenas oportunidades de liderazgo, algo que también se maximiza al analizar la capacidad de inserción de personas con otras elecciones de género que siguen viendo impedidas sus oportunidades de desempeño, y más aún de expresividad, en los ámbitos tradicionales.
Permítaseme agregar una línea sobre el impacto medioambiental de la mayor parte de los sectores productivos que gustan de monocultivos y  pulverizan veneno sobre los restos de una biodiversidad herida -la nuestra-, poseen condiciones fiscales excepcionales mientras escupen plomo sobre nuestros recursos hídricos, que estornudan arsénico desde esas minas que hacen metástasis en nuestras montañas.  


Pareciera que nos hemos alejado del tema en cuestión, pero por la vía más elemental hemos llegado a entender quiénes están, ya no detrás, sino frente a las causas, banderas y  tramas de sentido que construyen los nuevos temas de agenda en la opinión pública. No es casual que #MiráComoNosPonemos, o #NoesNo (versiones locales del #MeToo) hayan nacido como hashtag pero muy rápidamente sean una lucha vital, social y callejera.
No es casual, tampoco, que sea una marea de palabras tageadas las batallas por el cambio climático, así como lo hubieran sido, en beneficio de los invisibilizados, el #15M , la Primavera Árabe o las víctimas de la dictadura venezolana. En las redes trabajan quienes han sido excluidos de las otras industrias y su trabajo es, justamente, hacerse valer, hacerse escuchar.
El ejercicio de esas identidades y diversidades, el uso político de la lengua y su mayor urgencia en las nuevas prácticas digitales expande un rizoma radicante (como lo propuso Bourriaud) subvirtiendo e impulsando de forma geométrica, a la vez que transgresora, ideas que conectan idearios, burlando y hasta aprovechando el viento de cola de los algoritmos predictivos. La transmediación, así como la encarnación -me gusta que reconozcamos de una vez el carácter místico de la matrix- de preocupaciones que pertenecen a grupos virtuales pueden pueden verse beneficiadas de los procedimientos algorítmicos -no exentos de perversidad- para incrementar su vitalidad y sobre todo su viralidad.
O al menos subvertirlos, hackearlos, ponerlos en tensión.
Sobre viralidad, conviene recordar que es un concepto que Caparros ha analizado con sagacidad al entenderlo como una palabra cuya polisemia ha transmutado, de negativa -una enfermedad que se propaga-, a positiva -una idea que cobra fuerza, en algún caso, una sanación que se extiende, como pasara con las denuncias de bullying.
Cada vez más el mundo supuestamente real se ve convulsionado por ideas que son consolidadas en un ejercicio de escritura conjunta y colaborativa -muy propio de la web 2.0-.
Ahora deberemos ocuparnos de acompasar esos discursos virtuales/ virales / reales, en un tiempo que, sólo a manera de ejemplo, pareciera más preocupado por incluir en su terminología formalizada palabras como lonchera o bluyins que términos como chiques, cuya connotación política en materia de género es un letrero luminoso escondido en las pantalla de nuestros hijos y cuyo brillo nos daña los ojos pero también encandila.
En cualquier caso, no se trata de defender chiques o cuerpa en esta breve ponencia, sino de reflexionar sobre prácticas de unos prosumidores que escriben mendigando likes y hacen del narcisismo una brújula para la reflexión pública. Con el corazón abierto a un huracán de visibilidad, insisto que entre tantas palabras, símbolos e imágenes arremolinadas por la fuerza del viento inmediato, surgen escrituras que le dan pantalla a personas desaparecidas, a deudas sociales, de género y de poblaciones atravesadas por un planeta en crisis medioambiental.
Hemos visto como pequeñas publicaciones efímeras, hashtags insípidos y  declaraciones audiovisuales de reducido interés aparente, son capaces de destronar a gigantes de las anticuadas industrias del cine, a políticos, y por ponerlo en positivo, a comprimir el margen de desprecio de la justicia.
Ya en los primeros noventa Rosetto, destacado luego por Berardi, decía en la revista wired que la revolución digital es un cambio tan extremo como el descubrimiento del fuego y que trae -justamente- cambios sociales monumentales al transformar, por primera vez, a las generaciones más jóvenes, más digitales, en las personas más poderosas del planeta.


Sería una locura no reconocer que la lectura y escritura digital son la mayor fábrica de palabras del SXXI. Y no sólo palabras, en estas prácticas se construyen sentidos y significados e incluye nuevos ecosistemas para refugiar la frágil belleza de, tradiciones, dialectos, sensibilidades.
Ya se escribió en la Carta Magna de la Era del Conocimiento que “el evento central del SXX es el derrocamiento de la materia .. por todos lados los poderes de la mente ascienden sobre la fuerza bruta de las cosas”.
Sería una castración no reconocer, también, que la nueva semántica de las grandes preocupaciones globales se está escribiendo en algún iphone de colegio secundario que se solidariza con los Viernes por el futuro, un movimiento mínimo que en lugar de un nobel, quiere un mundo mejor. No son cuerpos trabajando, como se planteó hace unos minutos, son espíritus escribiendo.


Si escribir en un muro es hacer arte mural, una práctica milenaria que recobra vigencia cada vez que la humanidad cree que debe gritar sus injusticias,  hemos de acordar que esa visibilización granhermanista con la que nos cuesta convivir, y que pareciera inmanente a las nuevas prácticas, resucita cierto poder vital de palabras que parecían -como propone Viktor Shlovski- “... gastadas por su uso cotidiano para retornarlas a su original potencia epifánica.”


Nuevos textos para una realidad aumentada que nos invade y no alcanzamos a entender, nuevas piezas audiovisuales para videojuegos que terminan matando gente de carne y huesos, conforman un pathos que nos envuelve como una rumba que no sabemos bailar pero cuyas percuciones mueven cuerpos.


Si me extendí más de la cuenta en la lectura, pido disculpas. Es que, como dice el periodista en tiempos de teclados, “pienso mejor con los dedos”.-

viernes, 22 de marzo de 2019

El valor invaluable de La Piojera de Alberdi



Hoy no es un día más. Sin dudas quedará en mis recuerdos como una de las fechas más importantes de mi trabajo, pero sobre todas las cosas quedará registrado como un hito en Córdoba porque reinauguramos el Centro Cultural La Piojera.
Se ha dicho mucho, yo querría llamar la atención sobre pocas cosas: Por primera vez es un ámbito público ya que el municipio lo expropió y convirtió en un sitio para todas y todos. Nunca en sus casi noventa años fue estatal. Hoy lo es.
Se llevó adelante una tarea de restauración inusitada para un edificio que estaba en ruinas y ahora es una obra de arte en sí mismo. Hay que verlo para creerlo, y como compromiso seguiremos manteniéndolo así, desde mañana mismo, afinando cada detalle pendiente y por venir.

La lucha de los vecinos fue fundamental para que la gestión del Intendente Mestre decidiera no sólo la expropiación y la obra sino la propuesta de un modelo de gestión conjunto a una mesa con 22 organizaciones de muy diversa índole que, en su pluralidad, impulsará los lineamientos de esa casa cuya línea de actuación pasará por la cultura comunitaria.
Por último vale destacar a las trabajadoras y trabajadores de la secretaría de cultura, de la empresa constructora, del equipo de restauración, así como ámbitos públicos y privados que con su compromiso pudieron amplificar su vocación de servicio hacia toda la comunidad. Hoy la inversión en cultura, ese derecho humano tan infinito como la propia definición de un barrio, una ciudad, un pueblo, adquiere un valor -paradigmáticamente- invaluable.


sábado, 16 de febrero de 2019

Carnavales y ciudadanía

Anoche lanzamos, desde la Muni los Carnavales Barriales edición 2019 con un corso de apertura que sumó a 19 comparsas, murgas batucadas. Una convergencia inusual de muchísima gente desfilando, mucha gente acompañando y ni un sólo incidente.
Por un lado me llena de orgullo el laburo de la Dirección de Cultura Comunitaria donde, en el nombre de Lucrecia hago extensivo el saludo para arriba (lógico con Diego a la cabeza -por cabezón-) y hasta la payasa CHapita de civil dando una mano. Es un programa buenísimo, fuertemente anclado en la idea de Cultura Comunitaria y de ejercicio de los derechos culturales que activa lo mejor de la identidad -muy lejos de esos discursos xenófobos-, y sobre todo nos espolvorea con diversidad. Esta noche vamos a ir a San Vicente, otro día a Cerveceros, a escuchar Los Cuarteteros, y claro que no nos vamos a perder a los Carnavales de Villa el Libertador. En cierta medida se puede recorrer latinoamérica al precio de un pasaje de bondi urbano.

Sin embargo hay algo que me mueve más, que me gustaría que no pase desapercibido: "ni un sólo incidente" de la apertura multitudinaria ya que es una forma popular, festival y a la vez trascendental que tenemos los ciudadanos, los habitantes de los barrios de decir que con cultura, y con educación crecemos más que con violencia y represión. La única seguridad que se puede construir es "el estado de bienestar que percibe y disfruta el ser humano" -su verdadera definición- y para ello la manera es sentirnos orgullosos de quienes somos y ejercer nuestros valores en la comunidad, con nuestras familias. Como en el carnaval, que además es una máquina hermosa de sumar mujeres, niños, niñas, inmigrantes... en definitiva belleza y pluralidad.
Por eso el municipio invierte muchos recursos, porque estamos convencidos que en lugar de más policía, necesitamos más parques educativos, más teatros y más comparsas.-

(Grilla completa de las actividades: 
https://www.cordoba.gob.ar/…/el-viernes-15-de-febrero-gran…/ )

miércoles, 13 de febrero de 2019

Song to song / love to love

Los amigos de Mercado Alberdi nos invitaron, a Laura y moi a elegir un rato de música en el día de los enamorados. No voy a tirar acá todo el rollo crítico sobre San Valentín o la penetración cultural, que también me cabe, sino que me enfocaré en la positiva, en el compañerismo de compartir con una persona tu vida, construir una pareja, y en esa banda de sonido. Digo más, no compartí una vida con Laura, tengo una vida con ella, nueva, distinta, conjunta. Y no sólo me refiero a las vidas que hicimos juntos, la conjunta, la de cada uno, la de nuestros hijos, sino la que construimos cada mañana, o cada vez que nos fuimos al río. Saco una cuenta elemental y hemos desayunado, con Laura más veces que con mis viejos. Y dicen que el desayuno es la comida más importante…
Por eso la música que compartimos, la haya servido yo o ella, nos pertenece a ambos. Es un bien ganancial, es de nuestro amor, es el ronroneo de un río serrano que siempre está, más allá de las crecientes y las sequías.
Y como los afluentes de nuestro amor vienen de los dosmiles, pensamos en poner lo que escuchábamos en esos años, un caudaloso capítulo de lounge con color a jazz electrónico.
Una de las costas está bañada en clásicos de finales y comienzo de siglo y, vaya paso del tiempo, la otra está influida por los gustos de nuestros hijos, muy urgentes, muy juguetones y frescos como un remanso sombrío en Icho Cruz. Pero como nuestro tiempo, nuestro amor, y nuestros discos son eclécticos, vamos a sumergirnos en Bugge Wesseltoft e iremos hasta The Cult. Vamos a fijarnos si hay destellos de Jazzanova y nos vamos a parar en piedras gigantes como Whitesnake. Vamos a nadar en Herbie Hancock, llevando un Flaming Lips inflable, hasta Bjork, y si cae un chaparrón comeremos Blind Melon, mientras vemos un rayo de ACDC en el cielo.-

viernes, 25 de enero de 2019

Escuela de Verano

Viene febrero y siempre está cargado de ansiedad por capacitarte y sumar recursos para desenvolverte en un campo cambiante y dinámico como es lo cultural y creativo.
Sin dudas que el impacto medioambiental, los asuntos (¿les asuntes?) de género y todo lo vinculado con la difusión en la era digital son la estrella de esa caja de herramientas imprescindible para mantenerse actualizado.
En ese sentido, en el área formación del Centro Cultural 220 Cultura Contemporánea se desarrolló una propuesta de Escuela de Verano que propone trabajar una suerte de temas urgentes en Jornadas de 2 o 3 días. Les encuentro un enorme sentido de la oportunidad a cada uno de los proyectos -cuyo coste de cursado es muy razonable ($700)- y con la particularidad de estar a cargo de profesionales súper reconocidos en su quehacer. Son espacios reducidos, destinados a grupos donde se puedan generar espacios de taller e intercambio de ideas, más allá de la transmisión de conocimientos a la que estamos habituados.
Sin ánimo de hacer un listado exhaustivo, me gustan mucho Biocentrismo Cultural (la incorporación de la #sustentabilidad #medioambiental como un nuevo elemento importántísmo en proyectos como fiestas o #festivales, y el espacio llamado Flora y Fauna que aborda la perspectiva de #género de forma actual. Pero también me han parecido de mucha importancia y actualidad aquellos que son muy herramentales como Doble click, donde se trabajarán ideas para la #ampliación de #públicosde la mano de los nuevos recursos digitales ; Suena bien herramientas para la difusión de la #música en el nuevo escenario comunicacional y Dale Masa que abordará la producción de #contenidos para proyectos de cocina y #gastronomía.


Acá está el link para buscar más información o inscribirse y el hash para seguir la info #Formacion220
http://220cultura.com/category/formacion/

(En la Foto el UEI ECOMUSICFEST de México)

martes, 22 de enero de 2019

La luminosa cultura nocturna

(Publicado por La Voz Del Interior, el 22 de Enero de 2019) 

Explicar el crecimiento exponencial de los participantes en las actividades culturales que tienen lugar en la noche de Córdoba es complejo y obedece a múltiples razones. Por esto mismo resulta imposible simplificar algunos antecedentes académicos de investigadores como el sociólogo Mario Margulis o las investigaciones vía CONICET de Melgar, Chiecher, Elisondo, y Donolo con su estudio sobre consumo cultural y la Noche de los Museos.
Un ejercicio de ensayística breve invita a reflexionar sobre la superación de la nocturnidad bohemia pues las nuevas noches suman valor para una población creciente de ciudadanos que asisten entusiastas a las Noche de los teatros, las librerías, los museos, o las semanas gastronómicas, entre muchas propuestas. 
Sin dudas que la ciudad es un organismo vivo y complejo desplegándose hacia sus barrios, arterias y articulaciones al caer el sol. Es entonces cuando las mal llamadas culturas marginales han cobrado luminosidad y, como consecuencia de espacios y tiempos convergentes, las generaciones de profesionales -hasta hace poco jóvenes- le consideran propia y natural.
Es un hecho que la topografía de la agenda urbano ha cambiado y, en familias con nuevas demandas laborales flexiblemente esclavizantes, la colonización de un tiempo libre -antes destinado al imperio catódico- da como resultado un enjambre de cochecitos en la puerta del Museo de la Industria. Son los mismos padres que cargarán, un poco más tarde, a su hijita dormida durante una cena con amigos en la Pizzería Di Solito.
El corrimiento de los límites de la nocturnidad como una zona del día pecaminosa hacia una opción familiar responde a un nuevo marketing de las instituciones culturales para trabajadores con derechos culturales, pero también con una oportunidad innovadora de disfrute del patrimonio, una suerte de miniturismo y, sobre todo, con la construcción de una nueva economía creativa donde muestras, gastronomía y -porqué no música, diseño o las artes escénicas- se dan la mano. Contrariamente a lo que propone Juan Forn ...mientras todo parecía detenerse hasta la reaparición del sol, ocurría lo misterioso, lo inexplicable… Circuito Gastronómico en nuestra ciudad, pero también decenas de ámbitos académicos han podido medir como la ampliación de la oferta cultural a otros usos horarios (la falta de h es deliberada) desarrolla unas oportunidades de trabajo caracterizadas por la dimensión de género -la diversidad es la regla-, la capacitación y la juventud en sus trabajadores. 
Por lo antes dicho es evidente la necesidad de apoyo de los gobiernos y entidades públicas -como lo hace la Municipalidad de Córdoba desde los primeros días de la gestión del Ramón Mestre- en tanto la creatividad es la industria que mejor responde a la perspectiva de género, con una virtuosa ecuación en la distribución de los recursos que genera.-

domingo, 13 de enero de 2019

Pescaditos de colores


Vengo de ver Aquaman. 
Me pareció merecedora de integrar el podio de las peores en su tipo. Una sostenida catarata de lugares comunes y clichés que agota a la más ilusionada de sus espectadoras y espectadores preadolescentes en la primera media hora.
Historias familiares con hermanos enfrentados, algo que en la Antigua Grecia ya era remanido, con el brother malo usando mascaras tipo reptiles… un recurso que en el teatro romano era un quemo (¿porqué será que los lagartos tienen mala prensa?), personajes que aparecen intermitentemente vestidos de gala, con peluquería y trajes de fiesta en el medio de batallas épicas, tormentas, y mares embravecidos, o una constante estética de clip edulcorado más propio de un rapero en la siesta para MTV transformaron una posibilidad en una mala experiencia cinematográfica.
Una insólita mezcla de La Guerra de las Galaxias con elementos de Rocky y esos films dinásticos de caballeros -bien del Rey Arturo (el nombre no es casual)- adornados con recorridas turísticas y unas forzadísimas enseñanzas históricas que van desde Pinocho hasta la fundación de Roma hacen de esta película una pieza que le sobra exactamente una hora, tiempo llenado con miradas recias y cruzadas y el cuerpo del protagonista exhibiendo abdominales asistidas por computadora hasta el hartazgo. 
Con una sobreabundancia de atardeceres que supera por docenas a cualquier película de Ben Stiller rodada en Hawaii, la falta de originalidad es el recurso más usado y se materializa con toda la furia en la escena postcréditos donde todos los miedos se hacen realidad: podríamos ser sometidos a una segunda parte. 
Incapaz de arrancarnos una sonrisa, el humor hipotéticamente incorrecto de antihéroe demuestra porqué las Deadpool son geniales en ese capítulo que reinventa un estilo, mientras que esta peli garantiza la decadencia y decrepitud de DC que intentó una versión espumante de Thor y le salió un trago aguado. Dafoe -con una voz tan ridícula que parece una parodia de youtube- te sugiero exigir que te borren de futuras proyecciones e intentá salvarte sólo. Por el lado de Kidman, podemos reconocerle el mérito de -por primera vez- poder justificar sus habituales ojos rojos debido a mirar bajo del agua. 
Como padre de dos niños tengo un entrenamiento cinturón negro en este tipo de cintas además de reconocer que en muchas ocasiones he sido yo el impulsor de una ida al cine a ver superhéroes. Muchas veces de la mano de una iniciativa del gran Java Pez. 
Me animo a decir con sorpresa que esta película no deja nada, que insiste en un papel estandarizado y propio de la década de los ochentas para las mujeres (sí: heroínas secundarias e hijas del rey vecino), y que por legítimo derecho podrá aspirar a un premio por mejor fisiculturismo o mejor traje dorado.