viernes, 25 de enero de 2019

Escuela de Verano

Viene febrero y siempre está cargado de ansiedad por capacitarte y sumar recursos para desenvolverte en un campo cambiante y dinámico como es lo cultural y creativo.
Sin dudas que el impacto medioambiental, los asuntos (¿les asuntes?) de género y todo lo vinculado con la difusión en la era digital son la estrella de esa caja de herramientas imprescindible para mantenerse actualizado.
En ese sentido, en el área formación del Centro Cultural 220 Cultura Contemporánea se desarrolló una propuesta de Escuela de Verano que propone trabajar una suerte de temas urgentes en Jornadas de 2 o 3 días. Les encuentro un enorme sentido de la oportunidad a cada uno de los proyectos -cuyo coste de cursado es muy razonable ($700)- y con la particularidad de estar a cargo de profesionales súper reconocidos en su quehacer. Son espacios reducidos, destinados a grupos donde se puedan generar espacios de taller e intercambio de ideas, más allá de la transmisión de conocimientos a la que estamos habituados.
Sin ánimo de hacer un listado exhaustivo, me gustan mucho Biocentrismo Cultural (la incorporación de la #sustentabilidad #medioambiental como un nuevo elemento importántísmo en proyectos como fiestas o #festivales, y el espacio llamado Flora y Fauna que aborda la perspectiva de #género de forma actual. Pero también me han parecido de mucha importancia y actualidad aquellos que son muy herramentales como Doble click, donde se trabajarán ideas para la #ampliación de #públicosde la mano de los nuevos recursos digitales ; Suena bien herramientas para la difusión de la #música en el nuevo escenario comunicacional y Dale Masa que abordará la producción de #contenidos para proyectos de cocina y #gastronomía.


Acá está el link para buscar más información o inscribirse y el hash para seguir la info #Formacion220
http://220cultura.com/category/formacion/

(En la Foto el UEI ECOMUSICFEST de México)

martes, 22 de enero de 2019

La luminosa cultura nocturna

(Publicado por La Voz Del Interior, el 22 de Enero de 2019) 

Explicar el crecimiento exponencial de los participantes en las actividades culturales que tienen lugar en la noche de Córdoba es complejo y obedece a múltiples razones. Por esto mismo resulta imposible simplificar algunos antecedentes académicos de investigadores como el sociólogo Mario Margulis o las investigaciones vía CONICET de Melgar, Chiecher, Elisondo, y Donolo con su estudio sobre consumo cultural y la Noche de los Museos.
Un ejercicio de ensayística breve invita a reflexionar sobre la superación de la nocturnidad bohemia pues las nuevas noches suman valor para una población creciente de ciudadanos que asisten entusiastas a las Noche de los teatros, las librerías, los museos, o las semanas gastronómicas, entre muchas propuestas. 
Sin dudas que la ciudad es un organismo vivo y complejo desplegándose hacia sus barrios, arterias y articulaciones al caer el sol. Es entonces cuando las mal llamadas culturas marginales han cobrado luminosidad y, como consecuencia de espacios y tiempos convergentes, las generaciones de profesionales -hasta hace poco jóvenes- le consideran propia y natural.
Es un hecho que la topografía de la agenda urbano ha cambiado y, en familias con nuevas demandas laborales flexiblemente esclavizantes, la colonización de un tiempo libre -antes destinado al imperio catódico- da como resultado un enjambre de cochecitos en la puerta del Museo de la Industria. Son los mismos padres que cargarán, un poco más tarde, a su hijita dormida durante una cena con amigos en la Pizzería Di Solito.
El corrimiento de los límites de la nocturnidad como una zona del día pecaminosa hacia una opción familiar responde a un nuevo marketing de las instituciones culturales para trabajadores con derechos culturales, pero también con una oportunidad innovadora de disfrute del patrimonio, una suerte de miniturismo y, sobre todo, con la construcción de una nueva economía creativa donde muestras, gastronomía y -porqué no música, diseño o las artes escénicas- se dan la mano. Contrariamente a lo que propone Juan Forn ...mientras todo parecía detenerse hasta la reaparición del sol, ocurría lo misterioso, lo inexplicable… Circuito Gastronómico en nuestra ciudad, pero también decenas de ámbitos académicos han podido medir como la ampliación de la oferta cultural a otros usos horarios (la falta de h es deliberada) desarrolla unas oportunidades de trabajo caracterizadas por la dimensión de género -la diversidad es la regla-, la capacitación y la juventud en sus trabajadores. 
Por lo antes dicho es evidente la necesidad de apoyo de los gobiernos y entidades públicas -como lo hace la Municipalidad de Córdoba desde los primeros días de la gestión del Ramón Mestre- en tanto la creatividad es la industria que mejor responde a la perspectiva de género, con una virtuosa ecuación en la distribución de los recursos que genera.-

domingo, 13 de enero de 2019

Pescaditos de colores


Vengo de ver Aquaman. 
Me pareció merecedora de integrar el podio de las peores en su tipo. Una sostenida catarata de lugares comunes y clichés que agota a la más ilusionada de sus espectadoras y espectadores preadolescentes en la primera media hora.
Historias familiares con hermanos enfrentados, algo que en la Antigua Grecia ya era remanido, con el brother malo usando mascaras tipo reptiles… un recurso que en el teatro romano era un quemo (¿porqué será que los lagartos tienen mala prensa?), personajes que aparecen intermitentemente vestidos de gala, con peluquería y trajes de fiesta en el medio de batallas épicas, tormentas, y mares embravecidos, o una constante estética de clip edulcorado más propio de un rapero en la siesta para MTV transformaron una posibilidad en una mala experiencia cinematográfica.
Una insólita mezcla de La Guerra de las Galaxias con elementos de Rocky y esos films dinásticos de caballeros -bien del Rey Arturo (el nombre no es casual)- adornados con recorridas turísticas y unas forzadísimas enseñanzas históricas que van desde Pinocho hasta la fundación de Roma hacen de esta película una pieza que le sobra exactamente una hora, tiempo llenado con miradas recias y cruzadas y el cuerpo del protagonista exhibiendo abdominales asistidas por computadora hasta el hartazgo. 
Con una sobreabundancia de atardeceres que supera por docenas a cualquier película de Ben Stiller rodada en Hawaii, la falta de originalidad es el recurso más usado y se materializa con toda la furia en la escena postcréditos donde todos los miedos se hacen realidad: podríamos ser sometidos a una segunda parte. 
Incapaz de arrancarnos una sonrisa, el humor hipotéticamente incorrecto de antihéroe demuestra porqué las Deadpool son geniales en ese capítulo que reinventa un estilo, mientras que esta peli garantiza la decadencia y decrepitud de DC que intentó una versión espumante de Thor y le salió un trago aguado. Dafoe -con una voz tan ridícula que parece una parodia de youtube- te sugiero exigir que te borren de futuras proyecciones e intentá salvarte sólo. Por el lado de Kidman, podemos reconocerle el mérito de -por primera vez- poder justificar sus habituales ojos rojos debido a mirar bajo del agua. 
Como padre de dos niños tengo un entrenamiento cinturón negro en este tipo de cintas además de reconocer que en muchas ocasiones he sido yo el impulsor de una ida al cine a ver superhéroes. Muchas veces de la mano de una iniciativa del gran Java Pez. 
Me animo a decir con sorpresa que esta película no deja nada, que insiste en un papel estandarizado y propio de la década de los ochentas para las mujeres (sí: heroínas secundarias e hijas del rey vecino), y que por legítimo derecho podrá aspirar a un premio por mejor fisiculturismo o mejor traje dorado.