domingo, 15 de abril de 2018

Vivir más

Hoy fue un día pleno y por consiguiente con aspiraciones de perfección. No hubo nada extraordinario, lo que probablemente hubiera atentado contra lo perfecto. Almorzar un pollo con papas fritas y un vaso de tinto es ciertamente una promesa de serenidad y a eso le debemos agregar unos mates con amigos en el Parque. Hasta siesta hubo. Llegó el diario de BsAs que muchas veces no aterriza en el kiosco antes del almuerzo y leer con la luz del otoño, por mucho la mejor estación del mundo, funciona mejor.
Pero lo que más entusiasmó fue una horita corriendo por la costanera, con la complicidad del atardecer y la leal compañía de Remo en la bici. En ese momento tuve una visión: quiero vivir más.
No deseo vivir más a través del tiempo, sino vivir más en el tiempo.
Se trata de un problema de profundidad, densidad e intensidad y no de extensión.

Viajar hasta la cuadra que viene, mirar cuidadosamente cada casa, cada perro y aspirar el olor de la panadería. Básicamente eso. 
Ver qué pasa con curiosidad y, con un poco de suerte, hacer que pasen cosas curiosas.
Creo que ese es el balance de un gran domingo cuya enormidad se basa, justamente, en la falta de estridencias.-

domingo, 8 de abril de 2018

Veinte años es mucho

Sobre el 20 aniversario del CCE.C

Ayer Sábado me fuí caminando de casa hasta el España. Córdoba. Exactamente igual que hace veinte años, cuando trabajé en la inauguración de esa Casa, tal vez me anime a decir mi casa. Vivi tantas cosas, y tan intensamente, que me costaría lo que no tengo hacer una síntesis medianamente lúcida.
Me quedo con la idea que entré a esa casa siendo poco más que un adolescente y salí hecho hombre. Qué entré de hijo y salí padre.

Fui, casi de todo, enchufé los cables, comuniqué, armé sonidos, gestioné lo imposible y me divertí como loco. Es que éramos un equipo hermoso y delirante con una relación absolutamente enferma con el laburo. De todo lo que hicimos, cosas francamente grandes e importantes para la ciudad, su público y sus artistas, me quedo con la gente. Con el equipo. Algunos ya no están, como la Cande y la Vero. Inclusive nos falta más más gente, José Scangarello -por poner un ejemplo- fue de los primeros.
Además de los que se fueron están los que se volvieron inmortales, como Salzano.
También somos más porque muchos se reunieron y se unieron, están quienes tuvieron amor e hijos fruto de ese trabajo. Sin ir más lejos yo mismo.
Un mapeo por los que pasamos es tan imposible como gracioso: cientos de referentes pasaron por ese lugar que Caloi alguna vez consideró el DiTella del interior: ¿por dónde andás Cata? Estoy viviendo en Suiza, trabajando en Art Bassel, no voy a poder ir a brindar…. Jorge Cuello, los Lefebristas satánicos, Marcelí Antunez, Landrú, y un listado desquiciadamente infinito y variopinto son el caldo de cultivo de uno de los emblemas de la Ciudad de Córdoba.

Después de años de haber dejado la casa más hermosa de la cuadra, me encantó regresar, encontrarme con la vieja guardia y también con una completamente nueva que, como hace muchos años nosotros, regresaba tarde y bajo la lluvia de una actividad con las manos llenas de alegría así como también trastos del laburo. Ya casi era domingo, habían pasado veinte años y la fuerza magnética del mejor laburo del mundo seguía enamorando personas hasta dejarlos exhaustos. 
Como los enamoramientos potentes. Sería injusto no agradecerle a Natxo, el director que condujo el barco hasta hace pocas horas o su segunda de a bordo Ceci Arneodo por tanto afición al “España”. Mónica, Claudia, Félix y Gonzalo, los guardianes de la técnica, los de la Radio y un infinito pasado, presente y seguramente futuro me hacen imposible nombrar a una milésima parte de los que ponen y pusieron el lomo y la cabeza.
Fue una noche llena de imágenes movilizadoras, recuerdos y encuentros. A la emoción de los veinte años pasados se le debe sumar el escenario con tanta gente joven bailando en la calle, los trabajadores de la casa rodeando la placa que indica “acá, hace veinte años que mana sangre nueva, pasarán autoridades, gestores y artistas y el Centro les trascenderá”.
Tuvimos tiempo de hacer un café en el Sorocabana con Curi y Gabi, integrantes de la primera cohorte y nos fuimos al Studio Theater para recibir un sacudón de energía con la fuerza de FuelFandango . Una locura que coronó una noche bien arrancada con DuraTerra. Como no podía ser de otra manera, cerramos la noche en Casa Babylon. Hacía muchos años que no veía al Hurón y el Teby del otro lado de la barra, sin embargo había unos guasos que eramos nosotros, pero ahora.
Todo me recordó lo tremendamente lindo que es nuestro trabajo. Todo me comprometió con la fuerza transformadora de la cultura de Córdoba.

#20añosdelCCEC