sábado, 16 de febrero de 2019

Carnavales y ciudadanía

Anoche lanzamos, desde la Muni los Carnavales Barriales edición 2019 con un corso de apertura que sumó a 19 comparsas, murgas batucadas. Una convergencia inusual de muchísima gente desfilando, mucha gente acompañando y ni un sólo incidente.
Por un lado me llena de orgullo el laburo de la Dirección de Cultura Comunitaria donde, en el nombre de Lucrecia hago extensivo el saludo para arriba (lógico con Diego a la cabeza -por cabezón-) y hasta la payasa CHapita de civil dando una mano. Es un programa buenísimo, fuertemente anclado en la idea de Cultura Comunitaria y de ejercicio de los derechos culturales que activa lo mejor de la identidad -muy lejos de esos discursos xenófobos-, y sobre todo nos espolvorea con diversidad. Esta noche vamos a ir a San Vicente, otro día a Cerveceros, a escuchar Los Cuarteteros, y claro que no nos vamos a perder a los Carnavales de Villa el Libertador. En cierta medida se puede recorrer latinoamérica al precio de un pasaje de bondi urbano.

Sin embargo hay algo que me mueve más, que me gustaría que no pase desapercibido: "ni un sólo incidente" de la apertura multitudinaria ya que es una forma popular, festival y a la vez trascendental que tenemos los ciudadanos, los habitantes de los barrios de decir que con cultura, y con educación crecemos más que con violencia y represión. La única seguridad que se puede construir es "el estado de bienestar que percibe y disfruta el ser humano" -su verdadera definición- y para ello la manera es sentirnos orgullosos de quienes somos y ejercer nuestros valores en la comunidad, con nuestras familias. Como en el carnaval, que además es una máquina hermosa de sumar mujeres, niños, niñas, inmigrantes... en definitiva belleza y pluralidad.
Por eso el municipio invierte muchos recursos, porque estamos convencidos que en lugar de más policía, necesitamos más parques educativos, más teatros y más comparsas.-

(Grilla completa de las actividades: 
https://www.cordoba.gob.ar/…/el-viernes-15-de-febrero-gran…/ )

miércoles, 13 de febrero de 2019

Song to song / love to love

Los amigos de Mercado Alberdi nos invitaron, a Laura y moi a elegir un rato de música en el día de los enamorados. No voy a tirar acá todo el rollo crítico sobre San Valentín o la penetración cultural, que también me cabe, sino que me enfocaré en la positiva, en el compañerismo de compartir con una persona tu vida, construir una pareja, y en esa banda de sonido. Digo más, no compartí una vida con Laura, tengo una vida con ella, nueva, distinta, conjunta. Y no sólo me refiero a las vidas que hicimos juntos, la conjunta, la de cada uno, la de nuestros hijos, sino la que construimos cada mañana, o cada vez que nos fuimos al río. Saco una cuenta elemental y hemos desayunado, con Laura más veces que con mis viejos. Y dicen que el desayuno es la comida más importante…
Por eso la música que compartimos, la haya servido yo o ella, nos pertenece a ambos. Es un bien ganancial, es de nuestro amor, es el ronroneo de un río serrano que siempre está, más allá de las crecientes y las sequías.
Y como los afluentes de nuestro amor vienen de los dosmiles, pensamos en poner lo que escuchábamos en esos años, un caudaloso capítulo de lounge con color a jazz electrónico.
Una de las costas está bañada en clásicos de finales y comienzo de siglo y, vaya paso del tiempo, la otra está influida por los gustos de nuestros hijos, muy urgentes, muy juguetones y frescos como un remanso sombrío en Icho Cruz. Pero como nuestro tiempo, nuestro amor, y nuestros discos son eclécticos, vamos a sumergirnos en Bugge Wesseltoft e iremos hasta The Cult. Vamos a fijarnos si hay destellos de Jazzanova y nos vamos a parar en piedras gigantes como Whitesnake. Vamos a nadar en Herbie Hancock, llevando un Flaming Lips inflable, hasta Bjork, y si cae un chaparrón comeremos Blind Melon, mientras vemos un rayo de ACDC en el cielo.-