jueves, 30 de julio de 2009

El Papa caído cumple diez años

(Publicado por el Suplemento Cultural de La Voz del Interior, el 30/07/2009)

Las representaciones de los altos cargos eclesiásticos, y de las administraciones locales (debería decir terrenales) de las religiones, han sido históricamente uno de los temas más hegemónicos del arte. Visitar una pinacoteca de un museo europeo es un placer divino, no sólo por el aporte estético de las obras exhibidas, sino por los obispos, Papas, y demás autoridades retratadas. La técnica y creatividad con la que cada artista concretaba su pintura podían garantizarle al protagonista un tipo de inmortalidad que no se consigue rezando. Un ejemplo popular es el Inocencio X, Papa archiconocido por el indeleble retrato que Velazquez le hiciera entre 1649 y 1651. Actualmente es considerado por los maestros de la pintura como uno de los más grandes retratos de todos los tiempos. Sin embargo, Inocencio X no sólo le debe a Velazquez una fama mayor por su retrato que por su papado, pues si una persona busca una imagen suya en la web, recibirá más devoluciones de que del propio Diego Velazquez. Pero la perturbadora imagen de Bacon, también inolvidable, forma parte de las representaciones indeseables, o repudiadas, no sólo debido a la potencia del cuadro sino también a la excepcionalidad de la expresión. Pareciera una efeméride deliberadamente irónica que estas obras de Bacon –recientemente homenajeado con una monográfica en el Museo del Prado- cumplan 50 años mientras que la obra La Nona Ora, de Maurizio Cattelan (1960) acumule diez.

La Nona Ora, desarrollada en 1999, es tal vez la obra más difundida de este mediático artista. Consiste en una representación escultórica hiperrealista del Santo Pontífice Juan Pablo II realizada en resina, con cabello, accesorios, vidrios y alfombra reales. Cuenta con una particularidad: su Santidad ha caído en el piso derribado por un meteorito que aparentemente entró por una lucera del techo.
Esta obra alcanzó el momento de máximo auge en 2000 cuando fue presentada en la exposición “Apocalipsis – Belleza y horror en el arte contemporáneo”, de la Royal Academy londinense. La muestra fue uno de los grandes acontecimientos artísticos de esta década y, más allá del protagonismo de la obra de Cattelan, tenía a artistas como los Chapman, o Jeff Koons en su catálogo.
El recurso escultórico naturalista, así como la proporción humana, que tanto conmociona en este trabajo es un elemento que el artista ya había utilizado en obras previas, y que luego manipularía en trabajos como Him (2001), un pequeño y ridículo Adolf Hitler, o Frank & Jamie (2002) una pareja de policías exhibidos de tamaño y atuendo verídico, pero montados con sus pies en alto, apoyados sobre sus gorras. También en este trabajo, como en la Nona Ora, la ironía de lo imposible crece sobre el concepto de autoridad.

Un autor vivo
Volviendo a la escultura de Juan Pablo II, su historia en el circuito del arte es valorada ya que en 2001, el mismo día del cumpleaños número 81 de Wojtyła se subastó alcanzando un precio de U$S 886.000. Una cantidad exorbitante si se tiene en cuenta que se trataba de un autor vivo. Y vale la pena apostar a la polisemia de “autor vivo” en este caso, ya que la obra cosechó la esperada estela de críticas y furia católica (inclusive, estando expuesta en Varsovia, unos miembros del parlamento polaco violentaron las medidas de seguridad, quitaron el meteorito e intentaron erguir al Papa) antes de ser vendida, mientras el artista se abrogaba el título de blasfemo. Pero la Nona Ora no es una obra de arte blasfema, de hecho hasta su carácter artístico es tan debatible que figura como una de las últimas piezas que la reconocida editorial Exit incluye en su dossier ¿es esto arte?

La posición engaña
Como su nombre lo indica, la Nona Ora, hace alusión a la hora en la que falleció Jesús, un momento de la tarde cuando el Pontífice está agotado, y se vuelve una persona más, alguien capaz de ser víctima de un accidente inesperado, cómico, imposible. Por consiguiente, y más allá de las pantomimas de cara al mercado –que por cierto, ahora Hirst hace con mucha más clase- este trabajo habla del poder de las imágenes excepcionales, y de la memorabilidad de los retratos provocadores. Es una apuesta por la ironía y el humor que tanto Warhol como Duchamp cultivaron.
Lejos de la autorotulación blasfema, concepto que alguna vez el teórico argentino Christian Ferrer situó muy lejos de este tipo de gestos marquetineros, esta obra le otorga fragilidad y dimensión humana a un ícono como es el Papa. A pesar del tono irreverente, la figura de Juan Pablo II sale bien parada –aunque por la posición no parezca-.

Marketing, compromiso social o blasfemia
En este terreno de la representación crítica de lo religioso, podrían diferenciarse diversos tipos de posiciones. Por un lado, proyectos como el de Maurizio Cattelan que tienen una arquitectura conceptual cómplice con la mercadotécnia, derivada del ingenio y el impacto visual. Una segunda instancia de producción de este tipo de obra, es crítica, de compromiso social, y de -particular- lectura histórica. Por ejemplo, la obra de León Ferrari (1920), quien recibió el Gran León de oro en la Bienal de Venecia de 2007. Ferrari, con su obra La civilización occidental y cristiana (1965) ilustra las relaciones establecidas entre iglesia y violencia. La escultura es un Cristo cuya cruz ha sido reemplazada por un avión de guerra.
En cuanto a blasfemía, se trata de obras cuyo contenido o intención son deliberadamente injuriante hacia cualquier religión. Uno de los ejemplos más frecuentes son los trabajos de Andrés Serrano, con su serie The interpretation of dreams, o en su pieza Piss Christ.-

5 comentarios:

Susana dijo...

Pancho, me encantó tu blog. Claro que sos una marca, y de aquellas. De aquellas muy cercanas al alma de algunos que insistimos en la expresión del otro, en la belleza empapada de emoción y en el futuro, lo que vendrá.
Me anoto para seguirte, celebrarte, y dialogar. Pero, antes que nada, escucharte con mucha amistad, cariño y fervor.
Susana

Pancho Marchiaro dijo...

Gracias Susana por tu lindo mensaje!

juliana botero salas dijo...

Desde lo más profundo de mi ateismo...mentira, esto no va de ateismo, verdad? tampoco va de fervor religioso, de eso ya sabemos (sabes y saben) bastante: de la pasión y la locura que despierta entre los más ardientes practicantes, toda representación artísitca que no sea emebellecedora y santificadora.
Este artículo (buenísimo por cuierto) va de arte, de lo que es, de lo que puede ser, de los que dicen que es...
Me gustó mucho el artículo, me encantó la explicación de la humanidad de algunas personas públicas que cargan sobre si tantas plegarias (eso ratifica aún más mi ateismo, no son divinos, son humanos...pero que esto no va de ateismos!)
La obra es buenísima, rayando entre el hiperrealismo y el surrealismo...de eso se trata. Creo que todo intento por ir más allá, por dar una visión propia del mundo, por cuestionar, es válida y totalmente necesario.
Me gustó mucho conocer el blog, lo visitaré mas seguido ya que no puedo acceder al placer de "La Voz del Interior!" los domingos, cafecito en mano...
Un abrazo

Pancho Marchiaro dijo...

Gracias Juli... un beso grande.-

perezirusta dijo...

Excelente enfoque y análisis crítico Pancho.
Las permanentes aluciones y referencias a artistas y obras de la historia del arte reciente y no tan reciente, inducen a una atenta lectura.
Tuve oportunidad de ver en Madrid hace unos años "La nona ora".
Recuerdo que me impactó su crudo realismo, y también esa mirada tendiente a "humanizar" irónicamente la "sagrada imagen del Santo pontífice"...
Desde luego verlo ahí, tirado en el suelo con esa roca meteórica encima, impresionaba y a la vez invitaba a sonreír...(como en silencio...eso si...).