La promoción del cuarteto como política cultural: Otra mirada sobre las acciones en beneficio de nuestra música popula

Esta semana hemos leído la nota de Edgardo Litvinoff (periodista que respetamos y leemos con interés) “ Cuarteto y cordobesismo: peronismo nac&pop por decreto” donde se reflexiona sobre “El uso del cuarteto como parte de la identidad cordobesa” y la intención del gobierno provincial para “uniformar la construcción cultural en torno a un proyecto político por decreto”. Contrariamente a una opinión que también representa un sector de la sociedad, en este caso resulta alarmante el regreso una lectura clasista, una mirada sesgada y estigmatizante. Incluyendo la anticuada fórmula de oponer nuestra música con la educación universitaria como si se tratara de antónimos. Una práctica tribunera que desconoce una enorme mayoría de estudiantes, docentes, e incluso investigadores de fenómenos socioculturales que se sienten ofendidos al ser incuidos en una rivalidad inexistente. Con ánimo de enriquecer el debate, dejamos otras ideas que aspiran a promover la preservación de los patrimonios así como una mayor diversidad cultural.

Una política de continuidad
El Gobernador Martín Llaryora -lejos de haber inventado “una versión oficial al cuarteto”-, dió conditunidad a una línea de trabajo con décadas de investigación y gestión. Merecen ser destacadas las tesis del Dr. Gustavo Blazquez, Alejandro Gonzalez, y las primeras presentaciones para UNESCO que hiciera, en su momento, Gabriela Borioli.
Como sociedad, después de años de mirar para otro lado, y gracias a la declaración UNESCO de Patrimonio Intangible de la Humanidad, debemos recordar que en 2013 el Intendente Mestre impulsó una ordenanza, y luego José Manuel de La Sota una ley, reconociendo su condición de legado. Capítulos que felizmente, los equipos del Llaryora y Intendente Passerini convirtieron en algo maravilloso: obtener la declaración mundial.

Décadas al margen
Teniendo en cuenta que el Tango, la cultura Mariachi, la música Candombe, La danza Mwazindika, el Washi japonés, o la Cultura del Té chino, cuentan con la misma jerarquía, nos preguntamos si “el cuarteto se reivindicó por decreto” como propone la columna antes citada.
Muy lejos de que “el Gobierno omite debates” se han llevado a cabo foros y espacios de reflexión, desde hace años, tanto en la UNC como en estas páginas.
Si nuestro rock, el folclore o la música de cámara integran la dimensión educativa ¿cuál es el riesgo de sumar una más? ¿Es realmente “esa Córdoba emblema de la educación superior” un sector adverso a esta Córdoba de la música popular que es tendencia mundial?
Repasemos: Lejos de ser un fenómeno institucional, recordemos que el Cuarteto sufrió la persecución polícial, especialmente en años de la dictadura, así como la ignominia del stablishment por ser “cosa de negros”. No casualmente, el Tango, o el Candombe, también fueron vilipendiados y considerados mala palabra durante décadas. En todos estos casos la celebración de la población consiguió transformarles en fenómenos internacionales.

Aporte económico y social
Actualmente familias enteras integran generaciones que trabajan en el mundo del cuarteto, no sólo como músicos, vestuaristas y otras actividades creativas, sino también como mozos, gastronómicos, iluminadores, contadores, abogados y tantos otros oficios.
Numerosos estudios demuestran la fortaleza del cuarteto, como la última edición del Festival Bum BUM! cuando, según un estudio del ICC y la Universidad SXXI, se generaron $4.115.150.543 de impacto económico y fiscal. Este trabajo destaca que cerca de mil millones de pesos fueron a las arcas del estado, en gran medida nacional, con el IVA.
Justamente esa condición turística de este festival, así como tantos otros eventos que programan artistas cuarteteros para atraer más visitantes, es otra enorme oportunidad ignorada en el texto que comentamos. El tunga tunga, hoy, es una joya de branding local, tan valiosa como nuestro legado jesuita (también patrimonio UNESCO), nuestra gastronomía, o el humor que nunca debería faltar.
Por lo antes dicho, deberíamos revisar que “El uso del cuarteto como parte de la identidad cordobesa puede leerse como parte de otras acciones con las que el Gobierno provincial intenta uniformar…”. Puesto que nadie se lo plantearía en relación al Blues, al Jazz, o incluso al Chamamé. Con una mano en el corazón, y un ojo puesto en las expectativas del público, no hay dudas que el cuarteto también es Córdoba.
Soy Cordobés, una canción de Rodrigo que sigue vigente hace 25 años, así lo demuestra. Hablando de Rodrigo, pero útil para muchas personas, dejemos esta idea suya “No soy un buen cantante, pero cuento historias. Soy un tipo que está atento a lo que pasa”.

Debates pendientes
Existen una gran cantidad de temas por abordar en este sector. Por ejemplo la dimensión de género donde, a pesar de ser un estilo nacido de las manos de una mujer, predomina una mirada masculina. También el consumo de alcohol y otras sustancias que requiere mayor cuidado por parte de organizadores y órganos institucionales (como en tantos eventos), y -entre tantas posibilidades de trabajo- aún aparecen situaciones violentas (como en el fútbol y otras instancias masivas), por cierto problemas transversales de nuestra sociedad.

Última estrofa
El apocalíptico cierre “La historia tiene mucho para enseñar sobre eso” del editorial simplifica un debate que invitamos, simplemente, a ampliar. Mientras que ese texto propone que la reforma universitaria es lo opuesto al Cuarteto, intentemos otra metáfora retomando el legado innovador y la influencia regional que tuvo el pensamiento cordobés. Apostemos para que nuestras celebraciones musicales, siempre tan vitales, sean una nueva forma de decir presente en un tiempo sintetizado y lleno de lugares comunes.-


Por Pancho Marchiaro. Magister en gestión del Patrimonio UNESCO / UNTREF.

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