domingo, 20 de julio de 2008

La rebelión del revelado. La fotografía se hace digital

(Publicado por La Voz del Interior, Suplemento Temas 20/07/2008. De la serie Especies en extinción)

El arte de escribir con luz (foto -luz, grafía -escribir) ha tenido un papel clave en el registro histórico de los últimos siglos. Actualmente, luego de su popularización, recorre un viaje sin retorno hacia la virtualidad.

La vida de un hombre cabe en un álbum de fotos, y se escribe con los parpadeos del obturador, disparados a razón de 1/125 segundo. Las instantáneas no ilustran, sino que son el registro, el documento de una existencia. Sería humor fácil decir que la vida “es un rollo”, pero ciertamente en las fotografías vemos vidas uniéndose entre sí.

Mi familia son quienes están en esta foto 15x21 que está pinchada sobre la biblioteca. Mis abuelos viven un mundo blanco y negro, de eterna juventud y portarretrato. Y yo nací en esa foto setentosa donde convivimos mi mamá y yo: ella es una adolescente delgada que me sostiene del lado del corazón y nuestro mundo, originalmente Carlos Paz, está tornándose rojizo como otras fotos de esa época. Su camisa delata que estamos en 1976. La foto del casamiento de mis viejos es del 1975, un mundo de patas de elefantes y melenas pre-militares, como la de mi papá. Esta foto comprueba que estuve en Machu Picchu en 1996. Acá se observa que egresé del Monserrat, justo cuando mi hermano ingresaba. Entonces yo era él más alto. Esta, la mujer que amo, sostiene a mi hijo, que podés ver con su pijama de pollito. Mi vida, un enjambre de vidas.

Las personas se divorcian, tienen hijos, o se enferman, entre una foto y otra. Así ha sido desde antes del maridaje entre telefonía y fotografía. Además de la vida, la muerte también ha sido parte del álbum, como lo prueban tantas fotos donde el occiso no sonríe.

Digan whisky

El retrato, soporte de la individualidad, ha sido el gran motor del desarrollo fotográfico. Este invento, nieto del daguerrotipo, patentado por Louis Daguerre en 1839, surgió del trabajo de Nicèphore Niépce, quien luego se asoció a Daguerre.

Mientras diversos investigadores perfeccionaban diferentes sistemas en todo el mundo, en agosto de ese año, el estado francés adquirió la patente para cederla en dominio público, contribuyendo con las finanzas de Don Daguerre, e impulsando la fotografía, con un sistema que no sería el conocido actualmente.

Fue William Henry Fox Talbot quien investigó el papel fotosensible derivado de la plata, utilizando una suerte de negativo, y acercándose al sistema difundido posteriormente. Pero hubo que esperar hasta 1888, para que George Eastman fundara Kodak, y patentara una cámara masiva y doméstica. “Ud. apriete el botón y nosotros hacemos el resto”, decía la publicidad. Desde entonces el público protagonizaría las fotos, y las tomaría. Los medios gráficos, por su parte, habían hecho lo propio colocando imágenes en sus ediciones, desde 1880. Todo comenzaba a ser “ver para creer”.

Esta primer cámara Kodak costaba 25 dólares y contenía 100 fotos. Pagando 10 dólares extras, el contenido de la cámara se revelaba e imprimía. La popularización de la actividad fotográfica estaba en marcha, y se concretaría en 1900 cuando la nueva Kodak Brownie llegara a costar 1 dólar, y el rollo 15 céntimos. En 1932, y siendo multimillonario, Eastman, que había elegido la palabra Kodak por su sonido universal, se suicidó dejando una nota que decía “Mis amigos, mi trabajo está hecho, ¿por qué esperar?”. En su ansiedad no llegó a ver la Kodakchrome, una de las primeras películas color de circulación masiva, que desde 1936 tuvo compañera: la Agfacolor.

En esa década se fue Eastman y se impuso la primera cámara de 35 mm, el formato más popular y universal. Se trataba de la Leica, que estaba a la venta desde la década anterior, y había sido creada por Oskar Barnack. Aquella Leica es una leyenda, una preciosidad, por la que recientemente se ha llegado a pagar más de 150.000 dólares.

Mientras nacían mitos en materia de cámaras, como Pentax, Minolta, Canon y Nikon, aficionados y trabajadores de la imagen comenzaban a incorporar accesorios. Todos querían tener lentes gran angular de 24 o 28mm, teleobjetivos de 120mm, o más; por otra parte, se compraban trípodes, lentillas de aproximación, tubos de extensión, filtros, fotómetros manuales, cables disparadores y, si había complicidad familiar, el baño de la casa sería transformado en un laboratorio donde la ampliadora haría su magia, y las imágenes sumergidas en la bacha del revelador, aparecería misteriosamente. Siempre bajo el amparo nocturno.

Los formatos profesionales quedaron en marcas como Hasselblad y Mamiya, mientras los “fierros” pertenecieron a la serie F de Nikon, las Spotmatic y K1000 de Pentaz, o las OM de Olympus. Nikon (fundada en 1959) tuvo su serie más celebrada, con bellezas como la F2, del 1971, la F3 de 1980, y la F4 -una “animalada” de cámara con autofocus-, que vio la luz en 1988. La F5 es sinónimo de profesionalidad, y en 2004, surgió la F6. Cuesta cerca de 3000 dólares y es la última Nikon que usa película. Todas las demás son digitales.

La competencia entre Nikon y Canon, tuvo su leyenda: la Canon AE1. Pequeña y sofisticada, esta arma letal tenía lo más avanzado en tecnología, y se lanzó hacia 1976. En ese entonces nacía el autor de esta nota y Steve Sasoon, por encargo de Kodak, acababa de sacar la primera fotografía digital de la historia. Salvo por quien escribe, los otros dos sucesos estaban destinados a estrellarse. Nacía un tipo de fotografía, y desaparecía el otro.

Sony, por su parte, ideó las precursoras digitales llamadas Mavica en los ochentas, y desde entonces todo fue crecer, mejorar y volverse hegemónicas, a costa de la fotografía tradicional, una rareza en un mundo que se volvía cada vez más computarizado.

En 2007 el mercado global de cámaras, sin contar la omnipresencia de las “fonocámaras” creció un 30%, llegando a venderse 138 millones de cámaras fotográficas. De estas, 126 millones, más del 90%, han sido cámaras digitales.

Este escenario ya asesinó a un ícono, las Polaroid. Nacidas del vientre del Babyboom, en 1948, ya no se venden más. Agfa también dejó el negocio químico, y Fuji está reestructurando, a fuerza de despidos, un negocio donde la fotografía tradicional, ahora denominada química, sólo sobrevivirá si acepta ser un hobby fetichista.

El futuro es digital, de hecho el presente lo es. Pero esta nueva generación de imágenes digitales, está condenada a una vida de almacenamiento, discos duros y archivos jpg que probablemente nunca conozcan clavo, marco o tachuela.-

(Continua en La mesita ratona de la humanidad)

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