domingo, 27 de abril de 2008

Filatelia, una afición en caída libre

(Viene de Especies en extinción: Correo, filatelia y arte postal)


De las tradiciones vinculadas a la actividad postal, tal vez la más sufrida sea la filatelia. Y lo dice alguien que aun quiere heredarle a su hijo un álbum de estampillas valiosas.

La filatelia sufre una reducción propia de la acelerada desaparición de cartas entre personas, así como la simplificación que impusieron los matasellos al prescindir de las queridas dentadas y pegajosas estampillas. Los bancos, con toda su expeditividad no usan estampillas.

Esta actividad que consiste en coleccionar y clasificar sellos postales viene desde la impresión del Penny Balck de Hill. Un francés fue quien bautizó la actividad al hablar de filos amor y atelia pago anticipado. Eso fue en 1861, cuando salía a la luz el primer catálogo filatélico. Ya desde 1841 el museo británico coleccionaba los sellos. A partir de entonces la historia se complicó llegando a aparecer subgéneros como la aerofilatelia, especializada en sellos por vía aérea.

La historia de la filatelia está plagada de curiosidades y anécdotas, muchas de ellas cinematográficas. Tal vez la más famosa sea la de Louis Vermont Vaugn quien había encontrado una extraña y fea estampilla de un centavo, de la Guyana Británica impresa en color magenta en 1856 con el objeto de suplir la ausencia de sellos originales, en esa colonia africana. Vaugn vendió este hallazgo por un dólar y medio, multiplicando por 150 su valor. En poder de un misterioso conde, la estampilla pasó luego a remate, nos sin antes perderse varias veces. Luego de idas y vueltas novelescas, el misterioso sello de un centavo fue comprado por diversos fondos de inversión adquiriendo un valor superior al millón de dólares. Sus últimas apariciones en público fueron con escolta policial permanente.

Arte postal, una rareza con sede en Argentina

Otra actividad que se ha ido diluyendo es la de hacer correspondencia postal con fines artísticos. Su importancia ha sido reseñada en el libro “El arte postal en la Argentina” de Vortice y existe un día del arte postal: el 5 de diciembre.

Esta práctica alternativa nace en los sesentas cuando los artistas comenzaron a usar los medios de comunicación como soporte y, como el Pop Art, se apropiaban de los objetos cotidianos “masificando las vanguardias”. La propuesta era canalizar unas obras cargadas de subversión a través de un medio oficial como el correo. Este arte de red se cargó de expresividad y libertad en plena década de los setenta, interconectando a una latinoamérica flagelada por las dictaduras.

Edgardo Antonio Vigo fue el más grande exponente de Argentina. También poeta, murió en 1997. Su obra se caracterizó por una fuerte denuncia política desde que desapareciera ilegalmente su hijo. Usó el sobrenombre del chico, desde entonces, como firma: Palomo.

Omar, otro creador local, llegó a distribuir sus obras de arte postal en bicicleta transformándose en un cartero artístico.-

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