domingo, 27 de abril de 2008

Especies en extinción: Correo, filatelia y arte postal

(Publicado por La Voz del interior en su suplemento dominical, el 27/04/2008)


En una extensa reunión de trabajo, que tuvo lugar hace unos días, uno de los presentes estaba totalmente abstraído. Abstraída y desconectada (vale señalar que era una chica). Al preguntarle si tenía algún problema, la sincera respuesta fue que sí: espera noticias urgentes de su pareja, y estas llegaría en “un correo”. Uno de los presentes tuvo el buen tino de ofrecerle su dispositivo blackberry -aparato que reúne teléfono celular e internet- y la chica suspiró aliviada aunque los otros nunca nos enteramos de su problema.

Una anécdota similar, pero menos reciente, tuvo lugar cuando Sir Rowland Hill descansaba en una posada escocesa (hay diferentes versiones de esta -casi- leyenda) y pudo observar como una de las dependientas del lugar rechazaba una carta de su novio, después de haber escrutado el sobre con detenimiento. Dijo no contar con dinero para afrontar el envío, que en aquella época desembolsaba el destinatario. Dado que en 1835 no había blackberrys, Sir Hill también hizo gala de su generosidad, pero en este caso pagando el coste que reclamaba el cartero. Sin embargo, asombrado, fue informado por la interesada que el sobre no contenía carta alguna y que mediante un ingenioso sistema, en el exterior, su enamorado le había hecho saber de unas pocas novedades, burlando el correo semanalmente.

Como el profesor Hill no era cordobés sino inglés, en lugar de imitar el sistema para ahorrarse un par de peniques mensuales, propuso cambiar el correo, consiguiendo que el 6 de Mayo de 1840 se pusiera en circulación la primera estampilla de la historia de la humanidad. El Penny Black, cuyo debut lanzó el sistema contemporáneo de pago remitente y el cálculo del costo según un coeficiente de peso y distancia.

Hill, por su parte, se acaba de ganar una enemiga poco importante y un pase a la inmortalidad pues el nuevo correo triplicó inmediatamente la cantidad de cartas en circulación, popularizándose.

La historia de la actividad de correos y mensajería es antiquísima. Se remonta al 2400 ADC, en Egipto. Cuando los mensajeros distribuían los decretos. Augusto, emperador romano, dispuso un sistema similar al que tenían los incas, de este lado del mapamundi. Carlomagno, en Francia del siglo IX impuso los mensajes escritos que fueron potenciando la comunicación hasta que el ferrocarril, diez siglos después, propulsó y agilizó por todos los rincones del globo la costumbre de la correspondencia.

En las décadas que siguieron, los correos crecieron en su volumen sin conocer crisis. Si había guerra, se mandaban más cartas, si había bonanza económica, había más cartas. Las fiestas siempre fueron la excusa para felicitaciones epistolares, y los períodos de vacaciones también tenían su correlato en postales.

Pero desde hace una década, como la chica preocupada de la reunión, al decir “un correo”, hablamos de “e-mail”.

Correo postal versus e-mail

El siglo XXI, con acento en estos últimos años, incrementó la virtualidad, hasta pasar a ensombrecer la antigua omnipresencia postal. Las comunicaciones entre particulares se han atomizado casi exclusivamente en la correspondencia electrónica, debido a la inmediatez, sólo comparable a telefonía. Otro factor ha sido lo multimedial (disponibilidad de varios medios como, texto, imágenes, sonido y audiovisual). Estas virtudes han seducido a personas de edades y condiciones sociales cada vez más disímiles, que abandonan la lamida de sobre para ir al confort inodoro, insaboro e insípido provisto por Gmail o Hotmail.

Esta nueva crisis en el negocio postal amenaza con depositar al buzón en el mismo limbo donde descansa la videocasetera, los pasacasetes y las máquinas de escribir. Pero, dice la Unión Postal Universal que también se presentan factores inesperadamente auspiciosos: el comercio electrónico se apoya, exclusivamente, en el correo postal para la distribución de los productos adquiridos vía web. Y el comercio electrónico ha crecido a razón del 100%, cada año desde 2000. Al comprar un libro en amazon.com, un disco en allmusic.com, o pescar algo en deremate.com, será un simple cartero (no necesariamente Yabrán) quien traiga las nuevas adquisiciones. Este servicio de paquetería y encomiendas, cada vez más sofisticado, representa una oportunidad de negocio creciente que viene a contrarrestar el efecto devastador de la correspondencia electrónica privada.

El buzón y la mailera: panzas llenas de lo mismo

Actualmente, al volver del trabajo, sólo encontramos debajo de nuestra puerta documentos de servicios (esencialmente cuentas) y publicidad. Lamentablemente no llegan más cartas de amor en el bolso del cartero. Por el lado la bandeja de entrada virtual, la situación es parecida: llega alguna noticia familiar y algún mensaje de amor, pero entre parvas de publicidad cada vez más agresivas y sofisticadas. Estudios recientes estiman que el 92 % de los emails recibidos son detestables spams. Nadie que nos quiera.

Otra similitud. La insoportable espera del empleado del Correo Argentino ha sido suplida por los trastornos psicológicos que sufren quienes controlan con excesiva frecuencia su mail. Y una variante tragicómica: recibir pocos e-mails genera angustia y ansiedad hasta enfermar seriamente.

Otro lazo que comparten es la sistematización de las direcciones: por el lado del antiguo, el código postal. Para el más joven (predecesor de la internet, con un primer envío que data de 1969) tenemos una arroba, desde 1972, separando al usuario del prestador, terminando con la indicación del país.

Como conclusión, ambas vías que nacieron para la comunicación interpersonal, siguiendo al sociólogo francés Abraham Moles, han terminado transformándose en canales de difusión donde emisores comerciales hegemónicos esparcen su mensaje masivamente, y los receptores individuales somos cada vez más consumidores.

2 comentarios:

Franco: Bardo Verde dijo...

contestando a lo de antes...
si soy de capital, pero los marchiaro de mi familia son de jesus maría, y creo q andubieron por chipión, tubieron un cine y una pensión en el centro de córdoba capital...

Christian Román dijo...

Gracias Pancho por tu visita y apreciación. Pronto estaré visitándolos nuevamente por la casa. Cariños.