jueves, 6 de diciembre de 2007

Los exiliados del Siglo XXI

Podría escribir de mi papá las 60 líneas de esta nota. Todas virtudes. Además de adorable, mi viejo está plagado de valores personales, entre los que cabe destacar que lee y se informa mucho. Por cierto, es dueño de su propio emprendimiento. Pero, leedor y todo, no es dueño de una cuenta de e-mail. Alguna vez, cuando este hijo estuvo fuera del país, abrió una cuenta hotmail. Por puro amor.

En síntesis, mi papá forma parte del grupo de cordobeses que no usaron internet en el último mes. Este grupo, según un estudio reciente de Delfos y Punto a Punto, representa el 65% de los entrevistados. Una mayoría, que aún no se subió al tren de la tecnología, aunque parezca increíble.

Se puede decir que otro 35% sí lo hizo, en semejanza con los datos del resto del país, y marcando una diferencia sobre: África (4.7%), o Asia (12.4%). Pero debajo de Europa (41.7%) o Norteamérica (70.2%), donde los usuarios son mayoría. Nuestros usuarios son, porcentualmente menos que los chilenos, el país que parece usar más internet de la región.

El pensador de temas digitales, Marc Prensky distinguiría, dentro de este 35% de cordobeses usuarios de la web, entre nativos digitales (aquellas personas, hoy estudiantes universitarios, que se formaron conviviendo con, o en, los lenguajes digitales como los juegos de pc, o la web) y los inmigrantes digitales. Los inmigrantes son quienes se adaptaron a las nuevas tecnologías pero conservan el “acento”. Mientras que los nativos tienen su propia ortografía, mandan SMS con naturalidad, pueden sostener varias conversaciones de chat simultáneas, y adoran compartir la información, los inmigrantes manifiestan su acento con un conjunto de costumbres que responden a prácticas culturales: imprimir para la corrección de un escrito, o llamar a alguien frente a la pc para que vea una web, en lugar de copiarle el URL, etc.

En una entrevista del ciclo “A fondo”, hecha en 1977 por Joaquín Soler Serrano para la TV Española, Julio Cortazar dice que él es “un exilado, o como se dice ahora, un exiliado” por que no podía volver a la Argentina, debido al gobierno militar. En paralelo, los exiliados digitales, aunque no han emigrado voluntariamente, no pueden ser nativos, y cada vez están más rechazados y excluidos. La clase media y la media baja es consciente de este exilio e intenta que sus hijos sean nativos a cualquier costo. La investigadora mejicana Ana Rosas Mantecón señala que esta capa social, en Latinoamérica, deposita la misma expectativa en la presencia de la computadora hogareña y el consecuente acceso a información ilimitada, que la atribuida en su momento a las enciclopedias Espasa Calpe o Británica. De hecho, se compran con esfuerzos similares, traducibles a sistemas de cuotas, y es probable que la pc ocupe el lugar físico de la casa donde hubiera estado instalada la enciclopedia. Tal vez hasta se le aplique al nuevo artefacto, la característica carpetita crochet.

Volviendo a Cortazar, a los exiliados y a las inclinaciones de mi papá, cabe recordar que pesa sobre Raúl Alfonsín no haber recibido al propio Cortazar, cuando estuvo en Buenos Aires en diciembre de 1983. Dos meses antes que la leucemia tipeara el último capítulo a su vida. Unos dicen que el desencuentro se trató de un malentendido de secretarias, mientras que otros adjudican a los colaboradores de Alfonsín una actitud distante para un escritor comprometido con la izquierda, que venía de apoyar la revolución Sandinista.

Esa incapacidad para sumar a los exiliados, por simple error, o por acción deliberada fue la parte más débil del nuevo tejido del proyecto democrático, y casualmente podría haber sido el espacio para la construcción y regeneración sociopolítica.

Frente a las posibilidades de la red y, particularmente de la web 2.0, donde los usuarios mutan a generadores, aparecen las construcciones colaborativas y la web es una plataforma de interacción y manipulación de contenidos, los nativos e inmigrantes digitales, como en su momento el Dr. Raúl Alfonsín, tenemos el desafío de generar espacios y lazos intergeneracionales donde el flujo de información, la apropiación del nuevo lenguaje (o la nueva lengua) y sus posibilidades, inviten a que los exiliados vuelvan a radicarse, donde nunca estuvieron, en la era digital.-

3 comentarios:

Vic* dijo...

"Por puro amor"
Esa sería la razón por la que gran cantidad de personas de más de 50? abren casillas de correo electrónico.
Mi mamá creó una cuando me tocó viajar.

Saludos!!!

Pancho dijo...

Gracias Vic! Tal vez un porcentaje importante de quienes no están en actividad profesional. Me temo que es el dinero el motor de casi todas nuevas incorporaciones.
¿realmente estás en Afganistán?

Vic dijo...

No.
Ni uso ruleros.
Ni soy una rata.
Las pocas plantas que he tenido, pasaron a mejor vida. Por lo que podrás deducir que lo mío no es la agricultura.

Luego, perfil actualizado.