Acabo de terminar “Los peligros de fumar en la cama”, de Mariana Enriquez. No es un libro nuevo, de hecho ha sido publicado en 2016 (Enriquez tiene material mucho más nuevo y muy bueno), pero quiero dejar unos apuntes porque me impresionó mucho.
Con 12 cuentos, uno mejor que el otro, nuestra autora - reseñada en Wikipedia con cierta unanimidad “como parte de la nueva narrativa argentina y considerada una de las autoras más destacadas de la narrativa argentina contemporánea”-, deja claro porqué ganó el codiciado Premio Herralde.
Blandiendo un estilo gótico, por momentos siniestro, y decididamente perverso, construye textos atrapantes, creíbles y con una lectura social profunda y coherente.
Las paradojas de lo que llamamos salud mental sobrevuelan una docena de historias con su propio tiempo, cuando las maldiciones y el eco de las leyendas locales -que han pasado de generación en generación- nos pintan una argentina, y una argentinidad, barrial, urbana, tan bella como decadente. Su literatura penetra en la sociedad que tiene miedo, fundamentalmente de sí misma. Destaco, para no extenderme, la presencia de esta época -nuestra época- de cambios sociales hacia el martirio de la individualidad, de ermitaños atrapados en el ruido colectivo.
Una posibilidad, y una condena, a habitar la incomodidad de la mente de las personas.-
Con 12 cuentos, uno mejor que el otro, nuestra autora - reseñada en Wikipedia con cierta unanimidad “como parte de la nueva narrativa argentina y considerada una de las autoras más destacadas de la narrativa argentina contemporánea”-, deja claro porqué ganó el codiciado Premio Herralde.
Blandiendo un estilo gótico, por momentos siniestro, y decididamente perverso, construye textos atrapantes, creíbles y con una lectura social profunda y coherente.
Las paradojas de lo que llamamos salud mental sobrevuelan una docena de historias con su propio tiempo, cuando las maldiciones y el eco de las leyendas locales -que han pasado de generación en generación- nos pintan una argentina, y una argentinidad, barrial, urbana, tan bella como decadente. Su literatura penetra en la sociedad que tiene miedo, fundamentalmente de sí misma. Destaco, para no extenderme, la presencia de esta época -nuestra época- de cambios sociales hacia el martirio de la individualidad, de ermitaños atrapados en el ruido colectivo.
Una posibilidad, y una condena, a habitar la incomodidad de la mente de las personas.-

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