Un largo viaje en papel - Sobre “Moscú no cree en lágrimas”, de Gonzalo Fiore Viani

Estoy leyendo “Moscú no cree en lágrimas”, un libro cordobés que acaba de salir a la venta. Se podría inscribir en la sección de crónicas de viajes, un campo de la literatura que tiene una extensa tradición pero que, en el caso de Fiore Viani, tiene un condimento añadido debido a su formación en política internacional (con formato de diploma de doctorado, por cierto).
De movida, como dice mi hijo, el libro tiene una primera virtud y es su editorial, la querida Clarice que conduce Nelson Gustavo Pantaleón Specchia, autor y editor de tanto prestigio como amistad. Esta editorial, que vio la luz con formato de revista literaria, y llegó a boca de todos con la publicación de material inédito perteneciente a Carlos Busqued, viene construyendo una caudalosa colección que, además de ensayos y crónica viajeras, hace foco en la noble tarea del cuentista.
La labor de orfebre de Specchia es tan cariñosa que no debe haber autor en esta tierra mediterránea que no desee con todas sus fuerzas dejar su manuscrito en manos del maestro nacido en Chaco, pero sobradamente cordobés.

Prólogo elevado
El entusiasmo de Nelson y la Clarice por Viani se hizo evidente en la presentación del libro cuando una parte de la intelectualidad local atendía, incluso, alguna lectura con perspectiva feminista y, por consiguiente crítica de algunas carillas, que aportó Pupina Plomer.
Mariana Enríquez es la encargada de darle la bienvenida al lector con una potencia a la altura de la envidia de todas las personas que publican en el país. Y lo hace con las uñas afiladas porque tiene “...ganas de discutirle a los moscovitas, y a Fiore Viani”.
Lo dejo por escrito para que no se lo salteen, como muchas veces pasa.
Sin dudas una gran invitación a sumergirse en la lectura del libro que, detrás de una tapa simpática esconde un material a la altura de la trayectoria de su joven autor quien, además de ser analista internacional -columnista del Hoy Día Córdoba, entre otras coas- ya ha editado “Una globalización anti-globalista” y colaborado en “Hagan lío! lecturas políticas de un papado incómodo”.

Un Moscú difícil de conocer
Uno de los elementos centrales de la narración es la trama de vínculos que el redactor va estableciendo con un conjunto de interlocutores que, para los lectores, son remotos. Algunos, por ejemplo compañeros de metro, lo son por el sencillo hecho de ser rusos, mientras que otros resultan aún más distantes puesto que integran una suerte de élite con aspiraciones diplomáticas.

Desde las primeras páginas Fiore Viani deja claro que no se reducirá a un análisis social o antropológico: aplica una cadencia educada pero con vuelo creativo que caracteriza prácticamente todo el material. Así las cosas, a poco de empezar nos sentimos, como confidentes, sentados al lado del autor en todas sus peripecias. “...Rusia, como idea, no empieza en el mapa: empieza en el alma” comenta mientras busca los límites con Europa, una exploración que realiza por espacios públicos ordenados. En su interior, en el interior del “doble traumático de Europa” le sorprende la dura prolijidad de una sociedad que hace un sostenido culto a la resistencia.
Ese país, o al menos lo que se alcanza a ver desde Moscú y San Petersburgo a través de la lectura, ha atravesado un viaje increíble desde la quiebra hasta la fortaleza, y lo demuestra en un orden reconstruido que atravesamos guiados por la voz del autor; participando de unas aventuras atractivas pero que no evitan los temas de fondo como la propia figura de Vladimir Putin o diversos análisis de un fenómeno tan poliédrico como el modelo soviético.
Joven, ameno, nada pretencioso y lleno de información, “Moscú no cree en lágrimas” es un libro que invito a leer sin dudas.-

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