jueves, 22 de septiembre de 2016

el mito del pibe choro

Como conté más abajo ayer me robaron el teléfono de la mano en Avellaneda y Colón. No es la primera vez que me pasa. Debe ser, al menos, la tercera. Corrí, me envenené y estuve el resto del día esa sensación de violencia, vergüenza y ánimo vengativo que es la resaca del robo. Este año también entraron a mi casa y se llevaron no una, sino las dos computadoras. Obviamente una tenía el backup de la otra. Se fueron los contactos que no llegaron a las nubes y un pedazo de un libro que me da la oportunidad de escribirlo mejor, o tal vez de no publicarlo (aun mejor). Pero también pensé en el ladrón. En los ladrones con aliento a miedo arriesgando su vida por un puñado de dinero. Cazadores en motitos transgénicas que se mueven frenéticamente dentro de una sociedad que les ha estafado y les asigna el peor rol: los malos. Ningún pibe nace choro, somos nosotros los que los fabricamos con una sociedad que apuesta más a la policía que a la educación y la cultura. Empiezo el día tratando de cambiar esto.

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