martes, 16 de febrero de 2016

La insumisión de la creación

[publicado por 220 CC]

I
Uno de los lanzamientos editoriales del año es Sumisión (Soumission, título original) publicado en mediados de 2015 por Michel Houellebecq. Se trata de un autor que hace gala, cada vez más, de un cierto cinismo, sadismo, o una rara mezcla de ambos. El francesito incómodo surge desde el margen derecho del pensamiento y se desbarranca hacia lo políticamente incorrecto. Houellebecq, de cierto carácter decrépito y deliberadamente camorrero, continua escandalizando porque siente “verdadero afecto por Sarkozy”, porque pavonea orgullosamente su misantropía, o por escribir que el hecho de que Jesús se haya “dejado crucificar por ellos delataba por lo menos una falta de buen gusto”. Incomodo hasta para deletrearlo, también vale decir que detrás de esa fachada hay un autor muy eficaz. El libro es francamente bueno, como mucho de lo que editó, destacándose sus entre sus libros anteriores Las partículas elementales, y El mapa y el territorio ambos títulos excelentes.

II
Sumisión aborda la hipótesis de un futuro cercano cuando Francia pasa a ser gobernada por un presidente islámico e indaga en las actitudes de algunos sectores como los intelectuales y los docentes universitarios frente al nuevo régimen -toda similitud con la realidad local es pura coincidencia-. Con grandes dosis de sarcasmo la obra explora la colisión entre aquello que hemos entendido como “lo cultural”: París, La Sorbona, o los pensadores franceses
yuxtaponiéndolo a lo extraño, lo diverso, lo ajeno que parece amenazante. Se podría argumentar que todo el libro es una reflexión sobre la idea de la cultura como interculturalidad. Un territorio semiótico y en tensión.
La decadencia de la cultura europea con sus aires profundamente civilizados se enfrenta a la amenaza de una supuesta barbarie que llega a invadir esa identidad tan europeísta. Desde el otro punto de vista, en términos de dinámica cultural, y después de diversos proceso de colonización (militar, económica, comunicacional, tecnológica) una supuesta comunidad débil se empodera y rediseña los acuerdos generales otorgándose un papel protagónico. En cierta medida el ejemplo puntual, personal, y ficticio se transpola a una sociedad.

III
La discusión va más allá de la novela y la literatura: el filósofo Slavoj Zizek propone derribar varios mitos de la izquierda cuando piensa como abordar la reciente crisis de los inmigrantes refugiados que recorren Europa. propone, por ejemplo, y para escándalo de muchos delimitar algunos derechos humanos como el de libre circulación. Zizek considera que estas comunidades que llegan en una situación de fragilidad y merecen la preocupación de los países en poco tiempo protagonizarán una especie de estallido: “…cuando los miembros de una comunidad religiosa consideran el modo de vida mismo de otra comunidad como injurioso, aunque no constituya una amenaza directa a su religión. Esto ocurre cuando extremistas musulmanes atacan gays y lesbianas en Holanda y
Alemania, y esto mismo ocurre cuando ciertos ciudadanos tradicionales franceses consideran que una mujer cubierta por el burka representa un ataque a su identidad francesa…”.
En cierta medida Houellebecq no hizo mucho que un vuelo futurista,  breve y abalado por Zizek.

IV
Además de la hipótesis general de Soumission, hay pequeñas perlas de extraordinaria agudeza. Especialmente una: poco después de iniciado el relato, el autor arriesga que “sólo la literatura puede proporcionar esa sensación de estar en contacto con otra mente humana, con la integridad de esa mente…” y luego propone “sólo la literatura permite entrar en contacto con el espíritu de un muerto, de manera más directa, más completa y más profunda que lo haría la conversación con un amigo…” y un poco más adelante en el mismo texto desliza “…dado que los seres humanos poseen en principio, a falta de cualidad, una misma cantidad de ser, todos están más o menos igualmente “presentes”… y con demasiada frecuencia vemos a lo largo de las páginas que sentimos dictadas por el espíritu como se deshilacha un ser incierto…” para completar esta idea Houellebecq sentencia que frente a los que se “deshilachan” hay libros que nos gustan, porque nos gusta el autor, lo deseamos conocer y queremos pasar tiempo junto a esa persona, junto a ese sujeto cuyo ser es más grande.
Por consiguiente, se podría proponer que expandamos la idea desde la literatura como relato, como conjunto de ideas, hacia la creación en general. Podríamos proponer –insistamos- que aquellos artistas, autores, pensadores cuya presencia está en la obra poseen más ser. Dicho de otra manera, crear, el carácter de obra le llega a las piezas desde el autor [como se ha propuesto hasta el hartazgo en la historia del arte] y su entidad pasaría a residir en su trabajo.

Entonces, la inmanencia del autor en la obra, seria ese gran gesto de insumisión, y redimiría a las personas con su cotidianidad, miserias, sacrificios, travesuras y demás actitudes, pues sólo su ser autoral sobrevivirá. Y querremos pasar tiempo con ellos.- 

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