lunes, 6 de agosto de 2012

Encender los recuerdos

Con motivo del aniversario 325 del Colegio Nacional de Monserrat
(Publicado por el Diario Alfil)

Una llamarada de palomas cenicientas atraviesa el patio principal del Colegio Monserrat con destino incierto. Habían anidado en entusiastas pulmones y se incendiaron al cruzar las fogosas gargantas de los monserratenses de todas las edades que cantaban el “Gaudeamus igitur” en el acto académico del 325 aniversario. Lejos de la melancolía esperada, el evento estuvo atravesado por la alegría de alumnas y alumnos (las primeras son mayoría) que le insuflaron militancia a horas de discursos apilados. Sin embargo, no hay metrónomo capaz de contabilizar un tiempo que avanza escoltado por el péndulo de la palmera más esbelta del mundo.
Una mañana fría que levanta temperatura con corazones jóvenes y un sol regalado sobre el patio, escenografía del cumpleaños de un colectivo, de una comunidad, que viaja por el tiempo con el envión y la velocidad que otorgan más de tres siglos acelerando.
Esa misma inercia centenaria arremolina a sus pasajeros en direcciones muy personales y nos llevan a pensar que Avellaneda, Castro Barros, Derqui, Orgaz, Vélez Sarsfiled, Deodoro Roca y tantísimos otros, no eran pichones de próceres gastando el mármol de la escalera para inmortalizarse en la letra opaca de una historia edulcorada y correcta. Eran revolucionarios que hoy legitiman al Monserrat como cuna de subversión y ánimos de renovación. Así como esas eminencias habrán sido revulsivos y resistidos en su tiempo, se debe destacar el paso del Che Guevara por las aulas del Colegio, y la pérdida de muchos luchadores, como Diego Hunziker (secuestrado y asesinado en septiembre de 1976), cuya vida se demarró con manotazos militares y algún traidor al juramento de “virtud y letras”.
Algunos reconocidos y otros olvidados, integran el complejo cuerpo social del Colegio y, como si fueran cicatrices, ganan su verdadero espacio con el paso del tiempo, exigiendo memoria para el dolor y capacidad de recuperación. Son vestigios de un camino duro pero recorrido, garantías que evitan la repetición. Dice el Himno de la institución “Con el libro al porvenir / Juventudes, camaradas / En la casa fraternal / Cuando el tiempo nos separe / Para nunca unirnos ya / O si amargo desaliento / Perturbare nuestro afán / Encendamos los recuerdos / Y volvamos a cantar / Por la Patria y en la Patria / con la luz del Monserrat.

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