lunes, 4 de abril de 2011

El diseño en primera persona

(Prólogo de Las cosas del Quehacer, Colección La lengua de las mariposas, CCE.C, 2011)

En Una casa para siempre de Enrique Vila-Matas, un viajero termina su visita a una isla remota y habitada por personas tan misteriosas como hospitalarias, saludando a todo el pueblo. Recibe, como contrapartida, una calurosa despedida de los lugareños que lo acompañan hasta la playa donde retoma su destino. Sin embargo, su barco no puede zarpar durante tres días por problemas de navegabilidad. Durante la espera, los nativos deciden quedarse escondidos detrás de los árboles, pues “los saludos ya habían tenido lugar”. Con varios libros en la emergente colección de ediciones del Centro, desde la dirección del CCE.C estoy en la misma situación que esos sabios isleños, siendo una suerte de anfitrión permanente ante la celebración de la lectura de unos nuevos textos que resaltan, en este caso, la labor y reflexiones de los noveles creadores del diseño argentino.

Particularmente en Las cosas del quehacer la alegría es doble, no sólo por haber conseguido reunir a una interesante comunidad de productores provenientes de todos los países que son la Argentina, sino por haber podido concretar este proyecto trabajando conjuntamente con el INTI. Aquí vale resaltar la dedicación, tanto de Laureano Mon (el verdadero conductor del proyecto), como de Natalia Spollansky, coordinadora del CCE.C, quien hizo de interlocutora, gestora, fotógrafa y guía nocturna del ciclo de reuniones de trabajo que devinieron en este material.

Reflexionando sobre los textos en cuestión, es imposible presentarlos sin caer en la metáfora de la red que se va tejiendo entre los diferentes diseñadores del país, uniendo puntos con su merecido protagonismo, trazando un sello distintivo y único, a la vez que se aclaran diversas identidades. Una costura que consigue producir una trama conjunta, heterogénea, tensa pero realista, y evidentemente bonita.

Conocer los trabajos y propuestas de los participantes fue un acercamiento tan estimulante y seductor, como esperamos que sea este material para los destinatarios. Estímulos y seducción que trasluce las ideas que sostienen esos diseños, donde se integran las dificultades externas y propias de la actividad con su contexto, así como las similitudes y diferencias que muchos autores manifiestan en sus ponencias.

Si hay un hilo conductor, una referencia permanente, es el hecho que todos decidieron mirar más allá de la globalización unidirecciónal de los noventas y, levantando la vista para ver su propio horizonte, divisaron su entorno más inmediato, la paleta de colores de su región, su flora y fauna, sus montañas, ríos y personas. Dice Villa-Matas en el mismo libro -y perdón por reiterarlo-, que la lengua de los viajeros es la primera persona, y me ayuda a rematar el prólogo reforzando la idea de que los nuevos emisarios del diseño argentino son, como se puede leer, aquellos referentes que encontraron su propio discurso, estos autores que aquí se presentan. En primera persona.

Tenga usted un buen viaje en este coro de voces.

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