miércoles, 19 de enero de 2011

Vacaciones: Toda la vida en dos semanas

(Publicado por La Voz del Interior, en su Suplemento dominical Temas del 16/1/11)

Pareciera que los trabajadores siempre contaron con un tiempo de descanso. Pero es un derecho moderno y tiene su historia ¿Cómo se inventaron las vacaciones y para qué sirven?

Parece increíble que hayamos trabajado un año entero para descansar, con suerte, un mes. Según algunos estudios, tal vez la proporción sea aun peor: un año -cincuenta semanas trabajadas- y dos para vivir realmente. En todo caso, esas dos semanas condensan la magia de la libertad y el descanso, la promesa de compartir con la familia, o huir de ella. De viajar, de dejarse la barba, o leer compulsivamente. Realmente hacemos lo que queremos hacer, una pequeña parte de nuestra vida.


El descanso como un derecho

A diferencia de la monótona fetidez cotidiana, durante el descanso laboral sentimos esa excitante promesa de estímulos que se chocan, como en un espumoso brindis de amigos, y cada año pensamos que esas semanas no laborales alcanzarán para enseñarles a nadar a nuestros hijos, visitar los parientes más remotos, viajar y quedarse en casa, ver todas las películas nominadas a los Oscars entregados y por entregar, y un etcétera tan largo que no deja de ser un reflejo de nuestro comportamiento el resto del año al exigirnos por encima de nuestras posibilidades de recreación, comportándonos como si la matemática del reloj fuera una ciencia flexible.

No es demasiado original pensar que los primeros recuerdos de nuestra consciencia emerjan de ese tiempo de distracción familiar. Por ejemplo recuerdo, casi en orden, que me inicié en la natación en la escuela de verano del Colegio Alemán con el infalible método de ser empujado a la pileta; otro año escuché a mi hermano aprendiendo a silbar durante cientos de kilómetros en una R6 gris liderada por mis abrumadoramente calmos padres; luego cavé el contorno de la carpa de mi amigo Jorge Videla (cuando se creía que una canaleta evitaba inundaciones), y esa misma semana bucólica vi despegar el sobretecho como si fuera un OVNI. Otro año se caracterizó por sortear cada noche la cucheta de arriba, en la casa de mis primas en Icho Cruz. Recuerdo un verano con mucho olor a pino de Calamuchita, y otro caracterizado por la nafta común en los kartings de Carlos Paz. Y el amor. Esa bendición que indefectiblemente sobrevolaba cada vacación aterrizando sobre la vecina de enfrente, la prima anfitriona, las chicas de la renoleta roja, y todas esas personas que entre olas y sierras viven en los viejos almanaques de enero, con una cara perpetuamente tostada y, en nuestro recuerdo, con la común sensación de tener arena allí donde no conviene.

Pocos lo saben, pero conseguir que el corazón y las olas palpiten al mismo ritmo, lejos -literalmente lo más lejos que la billetera nos lleve- del sofocón laboral habitual es un conquista relativamente reciente, por lo menos en términos históricos. Así como los argentinos inventamos el colectivo (para ir a trabajar), o el secador de piso (no es un mito, fue Raimundo José Fandi en 1953, inventor profesional según la Asociación Argentina de Inventores), los franceses inventaron el cine, el champagne y, en 1936, las vacaciones.


Conozca al verdadero Léon de Francia

El descanso puede servir para evocar aquellos tiempos remotos mirando a las flores cosmos recubrir las sierras al ritmo de la composición que interpetan las chicharras desde el algarrobo, o para discutir en la mesa de un bar los problemas de la sobreexigencia laboral que nos esclaviza con la promesa de más consumo. Pero lo ideal sería rendirle un justo homenaje al primer presidente socialista de la Tercera República francesa.

Léon Blum (1872/1950) nació en el seno de una familia judía y se abocó a la literatura y la política francesa desde muy joven. Lideró el Frente Popular (agrupación socialista que incluía la sección francesa de la Internacional Obrera) mientras dirigía el periódico Le Populaire. Obtuvo una victoria electoral histórica en 1936, siendo designado presidente en Junio de ese año. A la derecha de Francia, Alemania fermentaba desde 1933 su peor catástrofe de la mano del jefe de estado y futuro comandante supremo, Adolf Hitler. Francia daba a luz los derechos de los trabajadores, mientras Alemania esclavizaba a su población en las líneas de producción fabriles bajo una lluvia de promesas demagógicas para los empleados y, en simultáneo, la disolución de los sindicatos.

El gobierno socialista francés era tan promisorio que incluía en su gabinete a tres mujeres cuando las chicas aun no votaban, un área de deportes y organización del ocio, y la voluntad de empezar desde abajo, por los obreros. Lo más significativo de ese breve gobierno (Blum se vio obligado a dimitir en 1937) fue la sanción de una ley que garantizaba muchos de los derechos de los asalariados, hoy considerados elementales. Sancionada el 7 de Junio, la reforma laboral incluía una jornada de cuarenta horas semanales, la legitimidad de los sindicatos, y un novedoso descanso anual pago de 15 días. A ello se le sumaría el descuento en el “billete de vacaciones anuales” para el ferrocarril que movilizaría a los primeros 600.000 trabajadores turistas de la historia. El grueso de los laburantes quería conocer el mar y, al año siguiente, serían 1.8 millones de hombres y mujeres quienes se relajarían viajando en sus vacaciones.

Mucho tiempo después, este año 2011, la Organización Mundial de Turismo supone que casi mil millones de personas viajarán para descansar. Uno de cada seis habitantes del planeta ejercerá los derechos que se consagraran en aquel París de 1936.

Después de haber gobernado menos de un año Blum dejó la presidencia francesa sin haber podido contribuir con la agónica España republicana, debido a presiones internacionales. Fuera del gobierno, continuó en la actividad política, cada vez más perseguido por el apagón antisemita imperante. Al poco tiempo fue acusado y enjuiciado, casualmente gracias las benditas vacaciones y demás reformas laborales, por debilitar la economía de Francia. Aunque consiguió demostrar su inocencia fue encerrado y, en 1943, entregado a los nazis. Su hermano murió en el campo de concentración Auschwitz, y -esta es la parte romántica de la historia- su esposa pidió ser encarcelada junto a él (sí, como en la película La vida es bella) con la buena suerte que ambos sobrevivieron y fueron liberados al final de la segunda guerra mundial. Después de ese período, volvió a la actividad literaria y discursiva, sin aceptar los ofrecimientos que le hiciera de Gaulle. Antes de retirarse fue el impulsor de la UNESCO renovando su capacidad para construir espacios de compromiso social a través de ámbitos tan importantes como el derecho al ocio, la cultura o la educación.


Desenchufando el stress

Desde una perspectiva empresarial fue George Elton Mayo (1880/1949) quien plasmaría la importancia de las vacaciones como una herramienta para potenciar el rendimiento laboral. Con su enfoque humanista y su teoría de las relaciones humanas, resaltó la importancia de las condiciones laborales y el descanso como un factor para el rendimiento de las industrias. Mayo no estaba especialmente preocupado por los asalariados, sino que buscaba demostrarle a la patronal que unos días menos al año eran la garantía de más resultados para esa compañía.

Esta hipótesis de principios del SXX se ve acrecentada un siglo después, ahora en el SXXI, cuando las familias están compuestas por ambos padres trabajadores, personas con empleos sobreexigidos, y autónomos multiempleados. Los docentes, sin ir más lejos, se ven obligados desde hace años a sostener varias materias en la secundaria, o participar en distintas cátedras en una o varias universidades, y normalmente esta realidad se combina con otras responsabilidades dentro de la institución educativa, e inclusive con el ejercicio liberal de la profesión.

Más de lo mismo le pasa al profesional que tiene un salario, pero que para vivir a la altura de la cuota del auto, o los pañales, toma impulso con un salario pero recién conseguirá saltar la alta valla del ticket del supermercado si anexa actividades profesionales independientes.

Superados por el volumen de la actividad cotidiana, comiéndonos fines de semana con actividades extras, y con acuerdos laborales desregulados que inundan horarios y espacios personales a través del celular y la PC, completamos el ciclo anual muchas veces con índices patológicos de estrés. Sentir que un ojo titila, y mantener conversaciones imaginarias con los estamentos superiores de nuestra actividad cada noche es el estado habitual para un sujeto que sólo quiere llegar a su descanso anual.

Los estudiantes y laburantes del hemisferio Norte aprovechan su verano de Julio y Agosto para descansar, mientras que lo normal para nosotros acá abajo, en el sur, es descansar mayoritariamente en Enero y Febrero. Sin embargo está práctica está cambiando debido a que la patronal (quien tiene la potestad para definir el momento libre del año) propone diversificar cada vez más las vacaciones tratando de no detener sus procesos productivos. Otro factor, ya de carácter meramente consumista, son las opciones de viajes más económicos, que siguiendo la lógica del mercado, se dan cuando menos demanda hay. En cierta medida se invierten el orden natural y no se descansa cuando se está cansado sino cuando es más barato ir a un lugar caro. Por poco dinero se podrán visitar las playas más codiciadas de la costa cuando haga frío y, en definitiva, será como cenar a las 5 de la tarde, pero por menos dinero.


Los riesgos del paro a la japonesa

Vacacionar, estar “vacante”, libre, o desocupado, contribuye con la imprescindible relajación inversa al estrés y la ansiedad. Es tan necesaria esta costumbre que su ausencia deviene en trastornos graves como el karoshi. ¡Cuidado workhólicos! el estado japonés ha tipificado desde 1970, esta enfermedad mortal que se cobra la vida de más de cien personas cada año afectando su sistema cardiovascular, debido a regímenes laborales excesivos y sin descansos. Hoy es un mal global. Japón, además de los casos de karoshi esconde detrás de su apabullante crecimiento económico en la segunda mitad del SXX una de las tasas de suicidios más alta del mundo, casi siempre debido a factores laborales o derivados de ellos como la soledad de los obsesos por el trabajo, o su vacío de intereses afectivos, culturales, y recreativos. Los estudiantes perennes corren el mismo riesgo al resignar su descanso. En este caso se trata de la “enfermedad del diploma” llamada Gakurekibyo, y aunque es menos mortal puede ocasionar desde obesidad e hipertensión, hasta trastornos psiquiátricos y la muerte.


¿Cuánto miden nuestras vacaciones?

Varios estudios han relevado las vacaciones a lo ancho del globo. La consultora Mercer difundió en 2009 uno de los más actualizados, que junto a cifras de WTO (Organización Mundial de Turismo) establecen estos patrones generales: China es el país más tacaño del mundo en lo que a descanso de sus trabajadores respecta. Sólo ofrece diez días sin posibilidades de ampliarlo a lo largo de los años. México, contrariamente a los estereotipos que pesan sobre Latinoamérica, ofrece seis días hábiles el primer año contractual. Estos crecerán a razón de dos días cada año hasta llegar a doce, luego avanzarán muy lentamente. Japón propone una cantidad inicial de 10 días, aumentando a cuentagotas hasta los 20 días que nunca podrán ser mejorados, con el agravante que estos trabajadores no son afectos a jubilarse y si sobreviven al trabajo, son longevos. Como se puede observar en el gráfico, más allá de lo que la legislación ofrece, en general se toman un promedio bastante menor a la disponibilidad de descanso: nueve días. Canadá, con sus altos índices de calidad de vida, tampoco apuesta por el descanso con sólo 10 días iniciales de descanso y un crecimiento muy pausado. En el otro extremo, Brasil y su famoso compromiso con la alegría, es uno de los países que más licencia inicial ofrece, con treinta días para quienes debutan en el trabajo. Eso sí: no aumentarán mucho, por lo que en los hechos, los franceses vacacionarán más. En segundo término se sitúan países como Alemania, Italia, Suiza y Australia que tienen alrededor de 4 semanas iniciales, mientras que España, Venezuela o Chile ofrecerán una plataforma inicial de 3 semanas.

Más allá de lo propuesto por ley, hay un índice confeccionado por la Unión de Bancos Suizos que promedia las vacaciones concretamente utilizadas por las personas (empleados, independientes, workholics y haraganes), y está confeccionado por ciudades. Los habitantes de Hong Kong (hongkoneses, que se sepa de una vez) descansan casi tan poco como los japoneses. Otros ciudadanos demasiados trabajadores son los neoyorkinos con diez días o los israelíes de Tel Aviv con once.

Este ranking de la U.B.S. midió a ciudades de setenta países diferentes y concluyó que en Buenos Aires se descansa menos que la media. De hecho esos argentinos están bastante lejos de los que más descansan, en el puesto 53 de 70. Agotados.

Los mejores descansados en ese ranking: parisinos y catalanes (por quienes sentimos un afecto especial) pero con un promedio de 1561 horas anuales efectivamente trabajadas, contra las sacrificadas 2044 horas anuales de los porteños.


Vacaciones.ar

Como todos los países, en la Argentina cada oficio tiene su maleficio, pero se supone que los trabajadores cuentan con 14 días en los primeros años de actividad. Después de los 5 años de sacrificadas idas al aula, oficina, o taller, podremos aspirar a 21 días, siempre corridos (mal término para un plazo que debería ser “caminado”). Habrá 28 días de descanso para quienes hayan sobrevivido al jefe durante una década, y 35 días en el extraño y poco recomendable caso de haber persistido dos décadas bajo el mismo yugo.

En relación a la actividad turística (en este caso se trata de nuestras vacaciones y la de los extranjeros que eligen nuestro país), se pueden establecer otros elementos de peso en para nuestro escenario nacional pues el último informe anual de la C.A.T. (Cámara Argentina de Turismo, de Agosto 2010) establece que esta actividad aportó en 2009 -en un sentido amplio- el 7,25% del PBI generando un valor total de 22.000 millones de dólares. Para completar la imagen incorporemos la idea que ese sector generó el 7,21% del empleo nacional (más de 1.2 millones de puestos de trabajo) y el 6,6% de la recaudación fiscal. Volviendo a las prácticas de los argentinos, pero siempre referidas al estudio de la C.A.T., en 2010 salimos del país un 10,4% más que en 2009, y recibimos un 14% más de turistas que el año anterior. Los datos auspicios también incluyen más turismo doméstico, cuyo aumento del 3% reúne más de 5 millones de viajeros con un mate en la mano y un termo debajo de la axila.


Epílogo vacacional

Vivimos para trabajar, siendo que deberíamos trabajar para vivir. Además nunca deberíamos perder de vista aquella definición (tal vez la mejor entre cientos) que ofreció el enorme poeta T. S. Eliot al decir “cultura es aquello que hace que la vida merezca ser vivida”.

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