lunes, 1 de marzo de 2010

Las discuciones se hacen papel por un momento

(Prólogo del libro ¿Desea guardar los cambios? Propiedad Intelectual y tecnologías digitales: hacia un nuevo pacto social, editado por el CCE.C)

Cuando un libro tiene varios textos introductorios, el lector sospecha. De hecho si se intentara recurrir a la metáfora de la cebolla y sus capas, el lector sólo tomaría esta metáfora de forma lacrimógena. Pero esta publicación, resultado de literalizar algunas de las ponencias del ciclo “El señor de los archivos - Debates sobre autoría, titularidad y derechos”, demanda de varias perspectivas y reclama acotaciones de índole institucional.

Desde el Centro Cultural España. Córdoba hemos manifestado interés por la problemática en torno a la autoría y sus titularidades, así como las zonas conflictivas entre acceso a la cultura y productores de contenidos, desde nuestra más tierna infancia institucional, allá por 1998. Y es que en nuestro primer año de vida, cuando gestionábamos la comunicación armados con un fax y una Olivetti Lettera 35 aporreada ocho horas diarias por nuestro entonces director, Daniel Salzano, ya incluíamos actividades que hablaban de ese territorio de debate y negociación entre quienes querían ver y quienes querían mostrar.
Han pasado casi doce años y más de cien proyectos que de una u otra forma han tocado el tema. Resultado de ello miles de creadores y cientos de miles de asistentes generaron en el CCEC una biósfera apta para reflexionar sobre los procedimientos que hacen a la creación, circulación, distribución y consumo de objetos culturales en tiempos de postproducciones y estéticas relacionales (Bourriaud). La metáfora cinematográfica nos dice que antes de la biósfera, en la tierra estalló un relámpago y que esa casualidad química/eléctrica dio lugar a la vida. En la realidad de nuestro Centro, esa centella imprescindible provino de la Dirección de Relaciones Culturales de la AECID, que aprobó un programa especial para abrir este debate, luego de alentar en varias ocasiones su abordaje.
Para muchos militantes de la causa, el ciclo fue una invitación terapéutica a empresas e instituciones que gestionan derechos de copyrights para que “superen” el momento (lo terapéutico, en el país del psicoanálisis no debería exigir muchas explicaciones más). Por otro lado -desde la perspectiva de esas organizaciones gestoras de titularidades- el ciclo representó una posibilidad de hacer escuchar su voz a la altura de los oídos de los consumidores.
Pero la evolución natural de esas conversaciones “de carne y hueso” tuvo lugar en el ciberespacio: tipear el nombre del ciclo en Google devolverá al curioso una avalancha con cientos de miles (sí, no hay exageración de por medio) de espacios que se han hecho eco de la iniciativa. Programas de radio virtuales o propios del éter, foros, blogs, reportajes y un sinfín de consecuencias desarrolladas rizomáticamente, son las primeras reverberaciones de este proyecto cuando han pasado puñado de semanas de su cierre.
Es fundamental reconocer que el programa tuvo una importancia amplificada por la participación del diario La Voz del Interior, la Fundación Vía Libre, y la propia Municipalidad de Córdoba (que sin ir más lejos, incluyó la problemática sobre el tipo de software que debe enseñarse en las escuelas públicas, a instancias de un efusivo Richard Stallman). Se sumó también, la propia Universidad Nacional de Córdoba con toda su potencia académica, y el colectivo Modular que le aportó la cuota de independencia y crítica que demanda este tipo de proyectos.
Desde la institución reconocemos el carácter vectorial que esta acción tiene en nuestra programación, así como una viralidad que le es intrínseca y que radica, justamente, en los miles de nodos de irradiación -este libro no es más que una versión análoga de esos nodos de debate- cuyo trabajo consiste en diversificar opiniones y construir puentes para discutir sobre ellos.
Si ese no es el rol de un programa en un Centro Cultural, siga pelando la cebolla y dígame cuál es.-

2 comentarios:

fotografiarte dijo...

como siempre, impecable!

Anónimo dijo...

todo muy bien que pasa que solo es para unos pocos.
excelete discurso,impecable.