Las palabras de Joaquín Sabina tienen una voz más potente que el ruido hecho por la cascada catarata de sonido, al salir de la garganta del cantor.
Lógicamente frente a ese ejército de metáforas, uno se siente intimidado y no hay mucho para agregar.
Tal vez, vale mencionar que hace unos años leí unas palabras del maestro donde decía, que de todos los títulos y reconocimientos otorgados, el de “poeta” era un traje que le quedaba demasiado grande.
En Córdoba, cuando el artista recién aterrizaba, se le otorgó un Jerónimo Luis de Cabrera que se unió a la devoción de su público esa misma noche, en el Chateau, atenstiguando que ese traje de poeta, acá, le queda pintao.-

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