domingo, 14 de febrero de 2010

La lucha de los amantes creadores

(Publicado por el diario Crítica, el 14/02/2010)

Alessandro Baricco en su libro City, propone unas indelebles descripciones de las relaciones humanas. Baricco posee una literatura excepcional, capaz de rescatar la inconmensurable seducción de un zapato de taco alto encallado en una rejilla del subte. En algunas páginas de su libro traza un paralelismo interesante cuando considera que dos boxeadores, en el cuadrilátero, pueden ser dos amantes. Una lucha. Una búsqueda de gloria conjunta, cuerpos dándose duro, y una soledad que sólo se comparte con él otro par, mientras los demás miran desde fuera un espectáculo cuya intensidad jamás llegarán a conocer. Traduciendo, no todas las parejas son púgiles, pero que las hay, las hay. En ese combate arriba de una cama / ring, hay un terreno común, y cuando los contrincantes bailan la música del sudor conjunto, cuando ambos son profesionales, nada debe ser más insoportable, conmovedor e intenso que la secreta conexión de dos artistas amantes. Entonces ¿Qué mejor forma de atravesar el día de los enamorados, una fecha con olor a pochoclo, que practicando vouyerismo a parejas creando?

Arte a cuatro manos e historias desparejas

La intención de hacer una lista exhaustiva de artistas amantes es imposible por su extensión. Las miles de leyendas, y la importante productividad de muchos creadores

en materia amorosa, vuelven inabarcable la tarea.

Pero todo intento de hablar de estas parejas empieza mencionando el caso de Camille Claudel y Auguste Rodin. Como corresponde a la época, se trató de un amor parisino señalado en 1882 que tuvo como particularidad un dueto autor indivisible de obras únicas, pero a cuatro manos. Los artífices de El beso (firmado sólo por Rodin, y que promete más lujuria que el segundo beso más famoso del arte, el de Klimt) no protagonizaron un final feliz: él jamás dejó a su legítima, y ella -ilegítima- fue víctima de desequilibrios emocionales y por consiguiente los tremendos psiquiátricos de ese entonces. La historia tiene su correlato cinematográfico con una venganza de género: Isabel Adjani, una hechicera del celuloide, encarnó una Camille cautivadora gracias a Bruno Nuytten, director del film y víctima en las sábanas de la demoníacamente bella Adjani.

A diferencia que Claudel, Gala Dalí, nacida con el nombre de Elena Ivanovna Diakonova (con mucha razón eligió Gala) es considerada una musa debido a que su producción artística es mucho menor que su trayectoria amatoria. Esta femme fatale, inspiradora y devoradora de hombres, fue mujer de Paul Éluard, y se enredó con varios surrealistas como Aragón, Ernst y Bretón hasta que éste último la expulsara del grupo. Recién entonces le llegaría el turno al excéntrico Dalí, quien le otorgó centralidad en su producción a cambio de una contención que resultaría clave en su obra. Una musa que no otorgaba exclusividad.

Entre las parejas de autores, tal vez la que goza de más mediatización es la de Frida Kahlo y Diego de Rivera, casados en 1929. La dupla era conocida como “el elefante y la paloma”, ironía que sólo hablaba de lo físico, ya que ambos eran elefantes emocionales. Aunque Rivera era un obstinado tortolito que no se privó de seducir ni a su cuñada, apoyó a Frida y diseñó su perfil, muy a pesar de las lecturas feministas actuales. Por el contrario “la Kahlo” -y aunque sea políticamente incorrecto decirlo- no tomaba a bien la admiración de su esposo, además de ser fuertemente crítica de las obras de Rivera.

Como bien documentara la muestra fotográfica Amor, arte y pasión, que se exhibiera en el museo Wallraf-Richartz, la historia del arte incluye muchos casos (Gabriele Münter y Vassily Kandinsky; Sonia Delaunay y Robert Delaunay; Georgia O'Keeffe y Alfred Stieglitz, Lee Krasner y Jackson Pollock; o Niki de Saint Phalle y Jean Tinguely), a los que se les pueden sumar algunas relaciones contemporáneas que fuerzan el concepto de artista. Tal el caso del fallido binomio Jeff Koons y Illona Staller, más conocida como la Chicholina. La antítesis de esa pareja porno-pop puede ser Bjork, que estuvo casada con el posthumanista Matthew Barney.

De los contemporáneos, pocos han producido tanto y de tan importante impacto como Christo (Vladimirov Javacheff, 1935) y Jeanne-Claude, que no sólo nació el mismo año que Christo, sino el mismo día. Lamentablemente Jeanne-Claude dejó de trabajar y de vivir en Noviembre del año pasado. Ambos artistas se caracterizaron por obras denominadas "arte envuelto", pues durante años recubrieron objetos y edificios. Estos instaladores son un punto de referencia para el arte actual desde la documenta de 1968, y entre sus trabajos vale mencionar el envoltorio del Pont Neuf, sus Gates en el Central Park (más de 7500 puertas blandas ubicadas en el parque de NYC, en 2005), o las once islas de Miami rodeadas de polipropileno rosado (1983).

Más polémicos fueron los trabajos de Marina Abramovic (la estrella del arte de acción, y poseedora un premio de Venecia en la cartera) y Ulay. Estos performers, estando en pareja en 1976, se besaron ininterrumpidamente hasta desmayarse durante la acción. Y es el tercer beso de la nota. Pero lo tempestuoso de las relaciones antes mencionadas también tiene un correlato en parejas gays. El artista total John Cage (1912/92) vivió con el coreógrafo Merce Cunningham quien falleciera hace pocos meses. Los pops Jasper Johns y Robert Rauschenberg fueron amantes, y quienes hacen obra a cuatro manos son los ingleses Gilbert & Georges. Ellos hacen obra conjunta con la apariencia de dos ingleses sesentones, vestidos formalmente, a los que nadie les adjudicaría su irreverente producción.

Corazón cordobés

En todo nuestro país hay ejemplos de estas parejas cuya densidad amatoria a de ser directamente proporcional a su obra, pero casualmente en el corazón del país, Córdoba, hay cierto exceso serrano. Algunos púgiles dispuestos a defender desde el cuadrilátero del arte el amor entre los creadores como una unión posible son, los jóvenes Gustavo Piñeiro y Lucia Arias, o Juan Sorrentino y Dolores Esteve, herederos de generaciones como la de los pintores María Amelia Luque y Tutuca Monteiro, también artísticamente incestuosos, por usar un término que Auster ha hecho circular.

Cecilia Rosso y Ciro del Barco son los videastas que recorren el camino entre el proyector y la notebook todas las veces que el viyeismo (castellanización no libre de polémicas) gane adeptos. Otra sociedad que ha tenido frutos (familiares y artísticos) exquisitos es la compuesta por Luis González Palma y Graciela de Oliveira quienes autoacuartelados en Cabana gozan en mutua compañía de sus creaciones. El caso de la dupla González Palma, tiene la particularidad de una doble ciudadanía cordobesa/guatemalteca.

El arte, un terreno donde la individualidad pareciera la única fórmula, ha reconocido en su seno a estos disidentes indisolubles, dispuestos a dar batalla para defender su amor, sea quien sea el oponente.-


2 comentarios:

santiago dijo...

Pensando rápidamente,se me vienen a la mente varias otras parejas: Oskar Kokoscha y Alma Mahler (o A. Mahler-Walter Gropius),por ejemplo; en el ámbito de Córdoba otras de mayor trascendencia e interés como José De Monte-Marta de Llamas, Dalmacio Rojas-Beatriz Rodríguez Tarragó, etc.
Santiago Díaz Gavier

Pancho Marchiaro dijo...

Buen aporte Zulu!
además es tu campo de actividad ;)