viernes, 4 de diciembre de 2009

Un Puente para Cada uno

(Publicado por La Voz del Interior en su sección de Opinión, 4/12/2009)

Encontrás un trébol de cuatro hojas. Ves pasar una estrella fugaz. Vacías el monedero en la fuente del Buen Pastor o levantás una herradura hirviente del asfalto. Todo para pedir un deseo: Querés estar mejor, que pase algo nuevo, algo excepcional. Muchas personas con discapacidades, aquí en Córdoba, sin amuletos ni supersticiones desean algo más sencillo y elemental, quieren ser como vos. Antes de tirar la moneda, anhelan llegar a la fuente del Buen Pastor por una rampa, se sentirían felices de poder circular por unas veredas que no tengan los obstáculos para ciegos que todos vemos a diario, y rezan para que las construcciones dejen de discriminar obscenamente a los transeúntes incapaces de hacer demostraciones olímpicas de salto en alto. Otros sólo querrían saber cuando el semáforo esta en rojo por su pitido, o simplemente tomarse el colectivo para ir a trabajar.

A partir de la decisión tomada por Naciones Unidas en 1983, y ratificada en la Argentina por el Congreso Nacional con la ley 25.346 del año 2000, cada 3 de Diciembre es una invitación a reflexionar sobre la problemática de las personas con discapacidades, su lucha permanente y el lugar que cada uno de nosotros, ciudadanos, queremos tener en esa batalla. Sabemos que el estado, gobernado por nuestros representantes, no hace lo que debería. Pero nosotros en cada esquina, en nuestra vereda, en nuestro lugar de trabajo ¿hacemos algo?

Cuenta Paul Auster en Fantasmas, su novela policial más metafísica, que Washington Roebling era el ingeniero en jefe encargado del puente de Brooklyn. Había sufrido una aeroembolía, dolencia que le impedía salir del elevado piso en el que vivía con su esposa. Sin embargo, desde ese departamento y con un telescopio como herramienta, supervisaba ininterrumpidamente toda la construcción del puente enviando cada día a su compañera con gráficos para los obreros. Éstos en general no hablaban inglés, pero usaban sus dibujos para ejecutar todas las obras. El puente, según Auster, existió siempre en la cabeza de Roebling, quien lo construyó pero no lo piso jamás. Córdoba, esta hermosa ciudad en la que vivimos, tiene muchos Roeblings imaginándose una mejor calidad de vida, luchando por concretar esta obra tan sencilla que es un urbanismo más accesible, y con una ventaja enorme: a diferencia del personaje literario, lo están haciendo desde la calle.


A la maestra con amor

Debo decir que en mi caso no encontré el trébol de cuatro hojas, sino que tuve mucha más suerte: a todo me lo enseñó Verónica Vanadía, la activista y artivista abocada a temas de accesibilidad que tenía una ciudad de Córdoba mejor en su cabeza. Pero la semana pasada un derrame interrumpió su trabajo. Tenía 35 años y su tarea de hacer más justo y bonito este lugar en el mundo se detuvo.

Estábamos ocupados despidiéndola en Minolli cuando muchos de los asistentes que habían llegado con gran esfuerzo, debieron quedarse fuera debido a los escalones del ingreso y la incapacidad de los propietarios para ayudar. La presentación por escrito se redactó en el acto y está firmada con lágrimas y rúbricas por igual. Incluía un puente de Brooklyn por persona. Si no pueden verlos es porque todavía están ciegos.-


1 comentario:

Nº2 dijo...

Un puente de brooklin para cada uno. Excelente texto Pancho.