domingo, 30 de agosto de 2009

Una ciudad sin barcos

(Columna de opinión publicada por la edición dominical del 31/8/2009 del diario Crítica)

La decisión del Centro Cultural España Córdoba (dependiente de la Red de Centros Culturales de la AECID y de la Municipalidad de Córdoba) de participar del proyecto fluvial Paraná Ra’Angá parece compleja de explicar si el lector se detiene a pensar que el único barco importante que ha tenido la ciudad, más precisamente la provincia, es el mítico anfibio de Carlos Paz. Un aparato de aspecto saurio que transportaba turistas desde el Cucú hasta el corazón del lago en un solo acto de magia. La ausencia de cultura fluvial, con ríos serranos que son arroyos mientras la crecida no los enfade y se transformen en paredes de agua descontrolada, dibuja un escenario interesante para “tirarse al agua” con este proyecto. ¿Por qué? Es de manual de gestión cultural que, si organizamos un festival de danza y asiste poquísimo público, ese proyecto debe ser repetido porque la danza siempre interesará y lo que falta son iniciativas que le den vida al sector. Por cierto que el proyecto va más allá del barco, que es metáfora pura, y en Córdoba sí tenemos mucho del espacio y el tufillo (esto no es una metáfora, en marzo, atravesando el Paraná) que científicos y creadores, referentes y aprendices o expertos en pleno debate, constituyen. Las universidades de Córdoba (cinco, con 170 mil alumnos), que lejos de hacerla más docta la hacen problemática, cuestionadora e indescifrable, todo el tiempo albergan –o deberían– este tipo de encuentros multilaterales e interdisciplinarios. Por otro lado, con una idea tan potente como la de Martín Prieto ¿cómo mantenerse en el margen de una iniciativa que promete ser un espacio de convergencia regional?
Este viaje hacia el progreso, hacia la identidad de una región, hacia la interacción de los saberes puede subrayar cuál es el lugar que Córdoba quiere para sí misma: integrarse regionalmente y mixturar, o seguir recorriendo su abolengo endogámico e incestuoso, porque con el tren de alta velocidad parado, paradigmáticamente el bicentenario sólo podrá ofrecernos el pitido del barco comandado por Graciela Silvestri.-

1 comentario:

Eric Zampieri dijo...

Mas allá del aspecto cultural y el costado jocoso, conozco el caso de una personalidad cordobesa que subestimando la potencial peligrosidad nuestra mar chiquita embravecida se internó en ella con su velero, naufragando luego. Con esto nuestro mar en miniatura tuvo su Titanic bonsai.