martes, 3 de marzo de 2009

Cosquín rock, entre la generación nostálgica y quienes buscan su identidad

(Publicada por La Voz del Interior, Opinión, Miércoles 4/3/9)

Esta columna de opinión incluye dos graves pecados literarios: Es parcial y contiene una cita de una cita.
La parcialidad podría estar dada por la cercanía y los lazos de todo tipo (amistad, familiaridad, etc.) que unen las ideas del texto con la organización del Cosquín Rock. Inclusive, se podría hablar de admiración, sin que un rubor obligado se transforme vergüenza. Pero esta columna es parcial debido a que la memorabilidad de la música es mucho más fuerte que un juicio estético, o de cualquier otra índole. Se ha escrito alguna vez que un hombre es los libros que leyó. En otras generaciones se podría proponer “un hombre es la banda de sonido de la película que es su vida”.
Siguiendo ese concepto, para una generación Deep Purple, como Manu Chao en la siguiente, es una trampa –que, como toda trampa siempre funciona- para que el órgano supremo, el corazón, ascienda a la sien y dictamine qué tan bueno es lo escuchado.
Con el palpitar en la cabeza y consciente que nunca será un intelectual quien, mirado desde la izquierda, hable bien de cualquier emprendimiento exitoso, particularmente si es comercial; o desde el perfil derecho, resultará condenado al infierno quien ose alabar una iniciativa cuyos protagonistas no coronen su cabeza con una raya al costado, o rematen su aspecto con un par de mocasines, más vale optar por la parcialidad.

En cuanto al uso indebido de la cita, hay un texto de Slavoj Žižek, quien dio en el clavo cuando, hablando del triunfo de Obama citó a los Monty Python (fuente de enorme sabiduría). Ellos incluyeron en La vida de Brian, ambientada simultáneamente a los tiempos de Jesús, un “dirigente de una organización de la resistencia revolucionaria judía [quien] sostiene con vehemencia que los romanos sólo llevaron sufrimiento a los judíos. Cuando sus seguidores contestan que también llevaron educación, carreteras, irrigación, etc., éste concluye: "De acuerdo, pero aparte de sanidad, educación, vino, orden público, irrigación, caminos, el sistema de agua y la salud pública, ¿qué hicieron los romanos por nosotros? ¡Sólo nos trajeron sufrimiento!".
En la supuestamente docta, con menos historiografía, solemos decir que “no hay NADA que nos venga bien” y se comprueba cuando alguien critica el Cosquín Rock. Sólo mirar atrás resalta que las bandas locales e independientes tuvieron su buen espacio, que el emplazamiento y los precios han sido acertados, que las condiciones de seguridad y organizacionales en general fueron sobresalientes, y hasta que la gente se portó tan bien que ninguno, de los diez o quince mil asistentes diarios, se subió a los algarrobos que enarbola el predio.
En todo caso, si algo debe estudiarse con detenimiento fue el papel del estado. Se debería entender, para futuras ediciones, que este tipo de proyectos en todo el mundo cuentan con aportes y contribuciones de los diferentes estamentos públicos, constituyendo una parte significativa del presupuesto. En muchas ciudades de Latinoamérica, o en España –donde la fiebre veraniega de festivales es excitante- todas las ciudades o regiones quieren su parte del show business, y pagan por ello. De hecho, se los considera grandes factores de desarrollo regional particularmente en sectores económicos con gran demanda de mano de obra, como el gastronómico, el turístico, el transporte, etcétera, sin contar con el propio festival, que puede demandar de cientos, o más de mil personas, muchos de ellos músicos.
La cuestión de fondo, más allá de tildar de conservadora (a la hora de programar) a una productora que trajo a Bob Dylan en lo que fue una clara demostración de desinterés del mercado local, es el significado de un festival de la magnitud y edad del Cosquín. Particularmente, al estar en el interior del país, y subsistiendo en simultáneo a la caída de otros emprendimientos, por ejemplo, en la pudiente costa.
La cuestión de fondo, retomemos, según el teórico paraguayo Ticio Escobar, quien analiza la re-emergencia de la identidad en el debate crítico contemporáneo, está dada por un peligroso retroceso de figuras como el Estado, la Comunidad o el Territorio (las mayúsculas son de Escobar, y ciertamente suman) reconociendo que, la publicidad, las industrias culturales o del espectáculo “han devenido en poderosos factores de identificación y creación de subjetividades”. -

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