lunes, 12 de diciembre de 2005

Tensión Superficial

(Publicado por La Voz del Interior. 2005)

Desde mediados de los ochenta se habla con insistencia del fenómeno de la multiculturalidad. Se podría decir sin miedo a equivocarse que hoy diversidad, multiculturalidad e interculturalidad son términos que rebotan en muchas conversaciones sobre la realidad social.

Definirlos adecuadamente exigiría una tesis doctoral, pero a los efectos de esta nota, pivoteamos sobre la idea de multiculturalidad como la combinación de una pluralidad de culturas que mantienen permanentes vínculos entre sí, en un territorio dado, y con una unidad social (Zubiría Samper).

Lo fantástico del término son los temas que instala: el respeto, reconocimiento y diálogo de las culturales entre las que convivimos, su calidad de iguales, y la imposibilidad de otorgarles diferentes estatus. Asumiendo esta perspectiva, perime la idea de subculturas, paraculturas, y culturas subdesarrolladas, en especial a la hora de vincularse.

Córdoba tiene un motor de esta multiculturalidad, y son sus universidades: una verdadera amalgama de personas provenientes de diferentes lugares, realidades sociales, económicas, educativas y sociales confluyen como un mar humano todos los días en la infinita lista de carreras de grado, post grado, y cursos varios de las cuatro universidades, como así también institutos locales. Allí los docentes, con sus diversos puntos de vista irradiarán, a su vez, nuevas disidencias.

De hecho, se habla de más de un diez por ciento de la población de la ciudad, estudiando o cursando, lo que representa una verdadera usina de expectativas, talento, trasgresión, creatividad, y por sobre todas las cosas, conformación de idiosincrasias.

Lo bizarro e indescifrable de los hábitos culturales y gustos artísticos del perfil resultante, justifica la variedad de propuestas que conviven en la grilla de espectáculos de La Voz del Interior: chacareras, cuartetos, música de cámara, cumbias, techno-house, boleros, free-jazz, minimal, música del altiplano, rolinguismo. . . recorrer estos espectáculos es un viaje transcultural, que emana y salpica mutua influencia.

Finalmente es fascinante que Córdoba sea una palabra tensionada permanentemente por culturas e ideologías tan diferentes: ¿Cuál es la horma de Córdoba?, ¿la de las estancias jesuíticas y su legado? ; ¿la pequeña Bristol de Sudamérica? ; ¿la de la reforma Universitaria? ; ¿la ciudad de iglesias y campanas?, ¿la docta? ; ¿ la de las fábricas y los sindicatos?

Bristol si, Londres no

Ralf Dahrendorf describe a Londres, sobre la idea de “una esfera común compartida por todos y un grado considerable de separación cultural en la esfera privada ... o ...un espacio público multicultural en términos de los orígenes de las personas, y vidas privadas transformándose en guetos ”. Estos conceptos no parecen aplicables para esta ciudad, sobre todo si repasamos como nos hemos comportado este año.

Néstor García Canclini dice que tal vez es la deuda pública lo que nos identifica como latinoamericanos, y Gilberto Gil asume la diversidad, como factor identitario del Brasil.

Pareciera ser que estamos condenados, no al éxito, sino al camino más largo y difícil. Estamos obligados al dialogo permanente, a ofrecer intercambio y mixtura para, con un poco de suerte recibir lo mismo.

Debemos ocuparnos, con nuestras acciones y con nuestro apoyo como ciudadanos, de ser permeables y menos absolutos, de apostar por lo heterogéneo, de lo contrario la intolerancia se nutre de la intransigencia, y Córdoba como sustantivo se rompe porque no aguanta tanta tensión.-

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