sábado, 8 de noviembre de 2008

La ciudad de la ceguera

(Publicada por La Voz del Interior, el Sábado 08 de Noviembre en su sección de opinión)

José Saramago, portugués de profesión y escritor de nacionalidad, escribió “Ensayo sobre la ceguera”. Una obra ideal para comprender la ideología que apuntala su literatura. Este libro narra la situación de un pueblo inmerso en una fulminante epidemia de ceguera blanca.

Córdoba sufre el mismo mal.

Nadie ve, o por lo menos nadie señala, como el espacio colectivo tiene una metástasis de emprendimientos inmobiliarios. Estas obras, independientemente de una valoración estética, demuestran que el poder de la industria de la construcción empequeñece las posibilidades de circulación para quienes vivimos en la ciudad de la ceguera.

Arte urbano y nuevos atractivos turísticos

Caminemos por Duarte Quiros al 900. Allí se construye un edificio sobre la mano opuesta a tribunales. Éste se apropió de la vereda desde hace meses. Varias toneladas de arena hacen de la acera una playa caribeña en pleno centro. Estas playas artificiales no orillan con ningún mar, sino con contenedores depositados unilateralmente por señores conductores camiones. Hasta tanto coloquemos sombrillas en esta nueva playa local, será fácil corroborar –para quienes no sufrimos la ceguera saramaguiana- como los vehículos hormigoneros gozan de extraordinarias exenciones de tránsito. Para esta clase privilegiada de vehículos no existe la señalización de los sentidos de las calles. Prerrogativa que se acrecienta proporcionalmente al tamaño del vehículo. Esta casta privilegiada de conductores que transportan materiales de la construcción puede estacionar en (debería decir sobre) cualquier vereda, y a cualquier hora. En estas condiciones podremos apreciar como los transeúntes deben caminar por el medio de la calle rodeando al camión, entre los colectivos. Está teatralización no-ficcional se representa en la obra que se hace sobre calle Caseros al 200, en pleno centro, a diario, y con mucho tráfico.

Sin embargo, esta situación que pareciera ser adversa, trae sus lados positivos pues la ciudad tiene potenciales atractivos turísticos. Además de las playas artifícales, contamos con la nevada eterna de calle Chacabuco al 800, al lado del Consulado de España. Allí se puede asistir a un fenómeno único en el mundo pues llueve ininterrumpidamente piedras, ladrillos y cemento. Esta rareza ha sido incorporada con naturalidad por los vecinos del barrio Nueva Córdoba quienes aparentemente han sido los primeros infectados con el virus de la ceguera.

Otro atractivo del maravilloso mundo de la construcción son diversos monumentos contemporáneos que empresas y constructores independientes nos regalan en espacios supuestamente públicos. Toda plaza puede ser destinataria de varias toneladas de “hierros del ocho”, camionadas de bloques, o lo que el responsable de la construcción considere oportuno. A comienzos del SXX, Marcel Duchamp revolucionó el arte contemporáneo enviando a un concurso un mingitorio, dando comienzo al dadaísmo. Seguramente la historia del urbanismo mundial reconocerá el carácter precursor y artístico de varias decenas de inodoros que una empresa colocó recientemente en una plaza de Barrio General Paz. Una intervención que transformó la plaza donde los vecinitos deberían jugar al subi-baja, en un depósito.

Un último fenómeno atractivo, es la petrificación de vehículos. Es una pena que los habitantes enceguecidos no alcancen a disfrutar como, cualquier auto estacionado en un parquímetro cercano a una obra, puede ser decorado de forma similar a los ploteados opacos que tanto furor hacen, pero con cemento. Las permanentes salpicaduras de mezcla recubren vehículos en cuestión de horas.

Si hay una comunidad particularmente sensible a la deconstrucción de un futuro conjunto, y a la imposibilidad de una convivencia armónica, son quienes usan ruedas pequeñas. Aquí no sólo vale reconocer los esfuerzos que deben hacer quienes se trasladan en sillas de ruedas entre las ruinas, sino también el heroico transitar de madres que, cochecito en mano (literalmente), atraviesan las zonas en conflicto. Esta expedición por las veredas en construcción se hace ante la sugestiva mirada del plantel de la obra, como si los transeúntes hubieran violado algún territorio sagrado.

En el relato de Saramago, el autor coloca una persona -la mujer del médico- quien misteriosamente conserva la visión e intenta ayudar a los ciegos cercanos. Algo que en Córdoba podría atribuírsele a la Fundación Acceso Ya! (www.accesoya.org.ar), dedicada a temas de accesibilidad, una institución concientizadora y poco beligerante.

El futuro ya está escrito

Si dejáramos el final de esta columna en manos del nobel portugués, las palabras caen solas: los personajes del libro “Ensayo sobre la ceguera” (1996) luego protagonizan el relato “Ensayo sobre la Lucidez” (2004). Este libro relata como, años después de la epidemia de ciegos, el mismo pueblo comienza a votar compulsivamente en blanco leche, de forma misteriosa. Una lluvia de protestas pacíficas, como el propio blanco, tapona los desagües del poder vaciando de sentido a todo el sistema político y ahogando a los funcionarios que se interponen.

Tal vez la historia cordobesa de la próxima década esté disponible, para quien quiera enterarse, a $ 32 en los estantes de la librería Rubén Libros.-

2 comentarios:

La Nariz dijo...

no hay peor ciego que el que no quiere ver. Me gustó tu artículo en la voz. Y que uses el poder de tu vos para proponer cambios.
saludos
carmen

Pancho Marchiaro dijo...

Gracias Carmén, tengo mis dudas sobre "el poder de mi voz" pero ahí estamos, diciendo lo que opinamos. Por cierto, te quise saludar el Lunes, pero andaba con mi bebé y no me pude quedar más allá de las preguntas. Te mando un beso.