viernes, 24 de octubre de 2008

Polvo y Pólvora

(Viene de Los Disparos de Robert Capa)

Al estallar la guerra civil española, en 1936, la pareja viaja al frente del conflicto. Compartiendo la pasión por el fotoperiodismo, ambos (él con 23 y ella con 26) siguen la contienda obteniendo cerca de 3.500 instantáneas que les catapultarían al estrellato con imágenes cuya proximidad olía a pólvora, atrapando el interés de los lectores. Desde entonces, el pseudónimo de Capa se transforma en una marca registrada y sus fotografías le contarían al mundo la heroica epopeya de los republicanos españoles. De ese entonces es la foto “Muerte de un Miliciano”, cuyo título original es “¡Esto es la guerra!. Robert Capa trabajando”.

La relación entre Capa y Taro se enfría, y de hecho es en 1937 cuando Pohorylle se bautiza Gerda Taro buscando individualidad. En Julio de ese año, con otra relación en paralelo, la Taro cae accidentalmente de los estribos del auto en el que volvía de un combate y es aplastada por un tanque. Tenía 27 años. Muere en cuestión de horas y deja una llaga perenne en el alma del joven fotógrafo.

Terminado el periplo español, en 1939, Capa debe dejar París perseguido por su filiación política, dejando parte de sus negativos en su estudio. Viaja a EEUU. En 1940, su amigo Imre Weisz, también perseguido, entrega todo el material a un militar diplomático mexicano llamado Francisco Aguilar González para su custodia.

En los 40s, Capa viaja de EEUU a Europa, y documenta el horror de la segunda guerra mundial. Nuevamente está en el lugar acertado, en el momento justo, cuando desembarca junto a las tropas aliadas en Normandía. Es el día D, 1944. Durante ese episodio el fotógrafo baja del barco junto a los soldados y dispara su arma, la cámara, desde el agua gélida, entre la balacera y los cadáveres. Al igual que en 1939, una parte de las 106 imágenes obtenidas se pierden: el laboratorista inglés que reveló el material arruina 95. Las once imágenes restantes, cercanas, dramáticas, y poéticas, transmiten el miedo en movimiento.

Dicen los teóricos del arte que la belleza es inherente a los objetos y que lo sublime se caracteriza por lo ilimitado, una rara mezcla de desasosiego y conmoción. Lo sublime incluye devastación, paz, vida, muerte y la supuesta presencia de Dios. Todo junto. La obra de Capa es la sublimación en fotografía. Una latente inquietud que se sostendría, inclusive, en muchos de los retratos que haría a las celebridades que se enfrentaron a su objetivo.


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