sábado, 10 de mayo de 2008

Arte, profesión y ferias

(Publicado por La Voz del Interior, el 10/05/2208)

El arte y el dinero forman una pareja extraña que ha dado frutos incoherentes, más precisamente autores pobres y bohemios, con piezas rematadas a cifras espeluznantes.

Lo cierto es que la comercialización del arte siempre es difícil de digerir, particularmente desde que las consultoras de economía y negocios entraron en el asunto, dándole a las obras el mismo tratamiento que a cualquier otra mercancía. Como resultado, piezas contemporáneas baten records con precios obscenos. Francis Bacon dijo “La fama es como un río que lleva a la superficie los cuerpos ligeros e hinchados, y sumerge a los pesados y sólidos”.

En ese sentido, las ferias de galerías son el final de un trayecto de la historia del arte (o de la profesionalización de la actividad artística) que empezó, con los creadores de la antigüedad, representando la Divinidad, en condiciones de esclavos que dominaban técnicas. Con el paso del tiempo se constituyó una estructura jerárquica de maestros y aprendices, luego se redefinió el rol social de estos personajes ya míticos, dejando paso a la academia. Quien antes exhibía una obra como prueba de su estatus creativo, ahora lo hace al alzar su diploma. Esta realidad se investigó en Córdoba hasta concluir que pocos artistas viven del arte, mientras que la mayoría vive de la enseñanza.

Sin embargo, la breve historia de la profesionalización del arte tiene un capítulo más. En estas décadas, el libremercadismo propuso que un artista debe trabajar de tal. Actualmente, se es artista si se vende obra o, si se tratara de expresiones muy experimentales, se debe conseguir una beca, o cualquier otra forma rentada de subsistencia. El arte de vivir de mamá y papá no es más arte.

Se podrían trazar muchas hipótesis sobre la falta de mercado del Arte (y coloquémosle mayúsculas por una vez) en Córdoba: la vigencia de un academisismo traducido al arte contemporáneo de manera caprichosa; una producción que no está en condiciones de ser abordada por el público, ni ofrecida al circuito; o la ausencia de intermediarios adecuados. Esto último se puede adjudicar a un estado que sumió a la población de todas las clases sociales, incluyendo quienes podrían comprar arte, en la ignorancia. También podría considerarse que el santo patrono del neoliberalismo, el mercado, no pudo hacerlo sólo. Causa o efecto de esto, en Córdoba no subsisten más de un puñados de galerías, y las existentes cubren los gastos con la venta de grandes obras de maestros muertos. Malanca sigue siendo el artista del momento.

Recientemente la ciudad recibió con tristeza el ocaso de Espacio-centro, así como verá con preocupación que Vía Margutta se repliega, abandonando su planta baja. La responsabilidad del achicharramiento del mercado es de todos: medios, instituciones, públicos, y creadores. Pero solo los artistas que viven de su obra van a sufrir las consecuencias.

(Continua en furor mundial por el mercado del arte)

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