sábado, 1 de diciembre de 2007

La grieta de la contemporaneidad

(publicado por La Voz del Interior el Jueves 6 de Diciembre de 2007)

Wolf Vostell y el francés Jean Jacques Lebel son considerados los fundadores de la performance. El primero rápidamente se unió al Grupo Fluxus. El segundo, Lebel, escribió en los sesenta que la obra de arte “desborda las bellas artes hacia la vida misma, utiliza técnicas hasta ahora disociadas a causa de habérselas creído incompatibles; hace del “espectador” más bien un receptor activamente comprometido en la captación de polivalencias”.

Este texto confrontaba con Marc Chagall quien en 1964 había terminado las pinturas que decoran uno de los techos de la Ópera de París.

Cerca de medio siglo después, la artista colombiana Doris Salcedo presenta la obra Shibbolethen (en exhibición desde hace algunas semanas, y hasta Abril de 2009) en la Tate Modern de Londres, uno de los espacios más importantes del arte contemporáneo global. Se trata de una grieta realizada artificialmente en el piso de la denominada Sala de las Turbinas, que ostenta 167 metros de largo y, hasta un metro de profundidad. Recorre todo el piso, y su interior está contenido con mallas de alambre, similares a las típicas demarcaciones de las fronteras políticas entre países.

La obra es interesante porque se trata del primer desembarco de un latinoamericano en este espacio, que antes hubieran ocupado “grandes” del arte actual, como Louise Bourgeois, Anish Kapoor, y Bruce Nauman. Salcedo, en rigor, escultora, hizo un trabajo monumental a la vez que meticuloso y en claro diálogo con la arquitectura del espacio. Este diálogo con el edificio, es “otro mundo de debajo” ideado con el valor agregado de dejar huella. Una cicatriz para siempre en la sala, algo que admite sonrientemente el director de La Tate.

Lo colosal de la obra, y el hecho de que la artista le diera un valor ilustrativo sobre la situación de los inmigrantes en Europa ha despertado un interés aluvional de la prensa internacional. La rajadura divide el mundo en dos, unos pertenecientes y otros excluidos y, siempre según la artista, también revela como el arte impuso criterios estéticos que incluyeron y excluyeron obras, personas, y pensamientos.

Además de propulsar las ventas de la artista en otras galerías, miles de personas rastrean información de la instalación / intervención en diversos sitios, a tal punto que es fácil dar con informes en video de la BBC, en español, donde se discute el asunto, y aparece la obra y la artista entrevistada.

Salcedo es el típico caso del creador que no sólo aborda un tema de profunda actualidad social, sino que lo hace demostrando la incomodidad que siente el arte contemporáneo en las nuevas condiciones de exposición, e institucionales, a las que cuestiona en su propia práctica. La socióloga Natalie Heinich sostiene que el arte contemporáneo se caracteriza por transgredir, a través de una ruptura radical del sistema (sí, en este caso tambien es un buen chiste) y la búsqueda de un impacto político y social.

Ahora bien, se puede entender que la escultora colombiana utilizó la oportunidad de su vida para romperles el piso a los ingleses con un tema que les cuesta digerir. O bien considerar que se subió al tren de la hipermediatización en alegre concomitancia con la Tate, sus galeristas vestidos en Dolce & Gabbana y, en definitiva, el mercado del arte londinense. Quién es Salcedo: ¿Lebel usando técnicas incompatibles con las bellas artes, Chagal decorando la modern, o una versión remixada de ambos?

Córdoba tiene su propia fractura

Increíblemente, el planteo de Salcedo cobra vigencia en Córdoba donde los espacios de exhibición artística de la ciudad, se miran desde las orillas de una grieta local, con una aparente brecha insalvable. Todos los componentes están parados en uno de los lados del continente roto, discriminados, o autoexcluidos. Sólo comparten la satisfacción por el simple ejercicio de la confrontación, que en ocasiones responde a perspectivas filosóficas o estéticas, y en ocasiones a la simple conveniencia personal.

Si el público celebra con su abrumadora presencia la existencia del Palacio Ferreyra, si por muchas galerías sólo circulan quienes tienen tirón de ventas, o si la escena independiente es refractaria a todo lo institucional, son corroboraciones de que siempre se mira desde uno u otro lado de la Shibbolethen cordobesa que, aunque imaginaria, es muy rigurosa.-

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