lunes, 13 de agosto de 2007

Eterno resplandor de los monumentos sin recuerdo

(Publicado por Eclectica Magazine 10/07)

En Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, mágica película de Michel Gondry, Jim Carrey hace un papel de pelotudo que se sale de su pelotudez habitual. Pero lo que viene a cuento es la propuesta deslizada por Kaufman (El Ladrón de orquídeas; Quieres ser John Malkovich), el guionista surrealista, que consiste en inventar una técnica capaz de borrar fragmentos de la memoria, con un tratamiento más eficaz que el vodka Smirnoff de Casa Babylon. El protagonista experimenta como sus recuerdos se entremezclan en capas traslúcidas, donde él mismo presencia –dentro de su mente- la degradación y posterior desintegración de sus memorias.

Algo parecido pasa en Córdoba con los monumentos: ancestros y representantes actuales del arte público. Al ver al Jerónimo leyendo el diario frente al Palacio Municipal (Cañada y Caseros) cada mañana, hay cordobeses que, como Carrey, creen estar protagonizando un guión de Kaufman. ¿Acaso nadie tiene presente en que año estamos?

Córdoba tiene una variada oferta de esculturas monumentales, recientes, pero fuera de la lógica moderna. Además, tiene otras tantas, un poco más antiguas y ubicadas (o re-ubicadas) en lugares alarmantemente mal elegidos. Como esa cabeza de Sarmiento que, emulando los frascos/cabezas de Futurama, permanece oculta en la confusión de la ciudad universitaria, lesionando a más de un ebrio y traumatizado psiquiátricamente a muchos sobrios (que se jodan).

Javier Maderuelo publicó una magnífica nota en Babelia del 21 de Julio, donde cuenta como, en 1898 Auguste Rodin presentó un homenaje a Balzac. Este monumento que fuera encargado por Émile Zola para la Société des Gents de Lettres, y víctima de la ira crítica, abrió las intenciones modernas de las estatuas y obras a enclavar en espacios públicos. Pasaron más de cien años, las vanguardias se hicieron cargo en todo el mundo de las piezas a emplazar en espacios urbanos, estableciendo patrones que, desde hace décadas, reflexionan sobre como contexto urbano y obra, dialogan.

A esta altura, la nota lleva cerca de 1900 caracteres, y no hay forma de decidir cual es el monumento más feo de la ciudad, pero estoy rogando que en el dvdclub de la esquina tengan la película Eterno resplandor…, porque de intentar hacer la lista, me queda claro que, aunque sea una terapia peligrosa, quiero que borren a todas de mi mente.-

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