jueves, 1 de marzo de 2007

La democratización de nuestra imagen

(Publicado por La Voz del Interior 01/03/07)

Antes de empezar a leer esta nota vea mi fotografía, y si le suena narcisista, (o en el mejor de los casos, si es ud. un narcisista) vea su propia fotografía en el carnet de conducir, en la cédula de identidad, o en cualquier identificación de su cartera. Si lee esta nota por Internet, desde www.lavoz.com.ar, véase en la ventanita de messenger.

Esas instantáneas son su imagen, su representación, y por cierto la del autor de esta nota. Las fotografías, y los retratos fotográficos presumen de ser la verdadera cara de las personas, y se apropian de su identidad. Muchos reconoceríamos a José Saramago, y creemos identificarle ya que hemos visto sus fotos. Lo mismo pasa con Norita o con la Mona Jiménez: muchos ya los re-conocemos.

Inclusive la norteamericana Susan Sontag dice que las familias construyen un relato de sí mismas con las fotografías que retratan sus lazos en común, y es exacto. Cualquiera recuerda sus vacaciones, una boda, y hasta las ceremonias importantes con una firmeza estática de fotografía, inclusive por encima de la rememoración de su propia experiencia.

Esto ha sido así desde la propia historia del arte fotográfico, marcado por un angustioso apoderamiento de nuestra imagen, de la mano de los retratos. Antes de las primeras fotografías, llamadas daguerrotipos, tener un retrato familiar exigía la presencia de un pintor en casa, y no era una práctica económica: sólo los poderosos se daban ese lujo que hasta hoy es un símbolo de status.

En rigor de verdad sacarse una foto a mediados del siglo XIX exigía exposiciones muy prolongadas, y no fue realmente barato hasta que se consiguió modernizar los sistemas de producción con nuevos químicos y fotografías de menor tamaño. Así se popularizó la fotografía como medio de representación.

Pero desde entonces todo se aceleró vertiginosamente, las cámaras dejaron de ser propiedad de los profesionales y entraron en los hogares acompañadas de posibilidades de revelado cada vez más sencillas. Apareció la polaroid que se independizaba de los laboratorios, y cada familia tenía al menos una Pentax en su casa. Mientras toda la humanidad se reconocía intercambiando fotografías, y se escribían historias de amor postal amparadas en fotos, la imagen posada dejaba lugar a las instantáneas. Éstas congelaban momentos como prueba de que algo había sucedido. Y no sólo guerras o catástrofes, en la más elemental historia de la fotografía está asentado que el primer número de la revista Playboy contaba con el protagónico de Gladys Monroe Baker, alias Marilyn Monroe, a quien ud. solo conoce por fotografías.

Pero me he dirigido a ud. toda la nota, a ti lector, que es una manera poco ortodoxa de publicar una columna de opinión porque la Exposición World Press Photo 2006 se presentó en Barcelona con una mesa redonda realmente llamativa cuyo título era “La noticia eres tú, la democratización de la fotografía”.

Nuevamente la tecnología mete la cola en la historia de la representación humana, y así como lo hiciera después del descubrimiento de la fotografía, cuando los soldados franceses salían del estudio del fotógrafo Disdéri, uno por uno con su propio rostro en una tarjeta pequeña, hoy con teléfonos celulares que publican imágenes en la web, minutos después de haber tomado las imágenes, las familias tienen sus álbumes virtuales, y la práctica del fotoperiodismo es casi un deber ciudadano.

Sontag dice que las colecciones de fotos familiares ayudan a construir un pasado irreal, pero ahora somos nosotros nuestros propios periodistas y –verídico o retocado- a nuestro presente lo estamos publicando en este preciso momento. Clic.

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