viernes, 27 de julio de 2007

Arte y Obscenidad

(Publicado por La Voz del Interior )
La revista dominical del diario El País, de Madrid, el de mayor circulación en España llevaba, como título de tapa para el domingo 15 de julio un nota titulada "Súper Arte", con una bajada donde se afirma que los creadores viven su momento de máximo esplendor. A pesar del prestigio del periódico español, un cordobés medio, al leer esta noticia, puede dudar de que los artistas visuales contemporáneos estén en su mejor etapa histórica. Sin embargo, hay consenso en determinar que existe una euforia a nivel internacional, por la compra -y todo lo relacionado- con el arte contemporáneo.

Europa y Estados Unidos son los máximos exponentes, donde este apetito moderno se traduce en mayor voracidad consumista. En esas latitudes, cada pueblo o ciudad -que se digne de serlo- quiere tener su propio museo o centro de arte actual.

Algo de lo mismo pasa con México y China, por citar dos de muchos ejemplos posibles. En casi todas las naciones de mundo se están intentando cerrar los grandes eslabones en la cadena del mercado del arte. Un sinfín de proyectos, desde centros de exposiciones hasta escuelas está marcando la explosión del arte, una fiebre compartida por coleccionistas, galerías y subastadores.

En Nueva York, hay tantas galerías que algunos barrios las cuentan por centenares; Miami no se queda atrás, y reduciendo el costo de traslado, la ciudad de Buenos Aires tiene una cantidad delirante de espacios para la venta de obras de todo tipo: desde arte cartonero hasta obras millonarias de Antonio Berni, por no caer en el lugar común que representan los méritos comerciales del joven Kuitca.

Uno de los más grandes referentes jóvenes del arte exitoso (además de conceptual) es el británico Damien Hirst, quien apenas ha pasado la cuarentena, pero tiene en su cuenta bancaria varios millones. Varios. Según la Web especializada www.artprice.com, la persona que haya invertido 100 dólares en una obra de este artista, allá por 1997 cuando empezaba a cobrar envión su carrera, hoy tiene casi 400 billetes verde esperanza. Este mismo artista, cuya obra cotiza mejor que cualquier acción de la bolsa de comercio londinense, actualmente expone una obra denominada "Por el amor de Dios": una calavera con incrustaciones de diamantes que ha despertado el interés de numerosos coleccionistas. Su valor es de 315 millones de pesos (74 millones de euros), y si se vende, será la pieza más cara de un artista vivo (acá léase "cuya muerte no ha llegado", y no "pícaro").

Esta efervescencia comercial en torno a las artes visuales contemporáneas, está acompañada de un poderoso motor de marketing que completa un círculo sin amenazas externas. Por el contrario, el Salón de Arte Moderno y Contemporáneo Art Madrid, por señalar otro ejemplo, cerró su temporada 2007 con un incremento del 300 por ciento en relación a su edición 2006.

Los "viejos" facturan.
Otra empresa que acalambró las manos de sus contadores, a la hora de recibir dinero, fue la casa de Subastas Christie´s: en la primer mitad de 2007 ingresó más de 10 mil millones de pesos (2.357 millones de euros) con ventas en todo el mundo y un crecimiento del 32 por ciento respecto de igual período del año pasado.

Por su parte la otra gran casa de subastas, Sotheby´s, superó un récord histórico en mayo de este año, con la venta de un Rothko a 230 millones de pesos (54 millones de euros). Cabe decir que se trata de una obra clave para el estudio del siglo 20. El mismo día, Andy Warhol, desde su tumba pop, conseguía que una obra suya se vendiera a cuatro veces el valor pagado un año antes. Jackson Pollock, aparentemente aún puede mofarse de ser el más caro, con su obra Nº 5, 1948 por la que se pagaron 434 millones de pesos (a esta altura dudo que al lector le preocupe cuantos euros representan).

Lo cierto es que hay tanta información sobre el arte contemporáneo en los blogs de estética como en los de economía, desde los cuales se estudia la forma de conformar fondos de inversión de riesgo, cuyo capital esté compuesto por obras de arte recientes. El comercio de estas creaciones se ha vuelto un bien de consumo, un valor más a mercadear, y a pesar de los indiscutibles beneficios que esto trae al desarrollo del sector, -que vale la pena reivindicar entusiastamente- llueven críticas en torno a las modas y mercantilizaciones de algunos referentes jóvenes.

Es probable que las obras de Warhol como las de Pollock, Picasso o Rothko hoy sean el telón de fondo en los despachos de los magnates y poderosos del mundo. Es posible que la espiritualidad de estos autores salpique un poco de humanidad sobre la vileza de algunas decisiones que allí se toman a diario. También es posible que la obscenidad de los actos cometidos en esas oficinas de megamillonarios globales no consiga empañar el poder límpido de la máxima expresión de la libertad y la creatividad humana.

© La Voz del Interior

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