lunes, 1 de agosto de 2005

Independientes, autogestionados y periféricos

(Publicado en córdoba en 2005)

La feria periférica

El domingo 4 de diciembre terminó Periférica (www.periferica.com.ar), la feria / encuentro de espacios de arte, editoriales y sellos independientes que se realizó en Capital Federal. Con el sugestivo eslogan de arte de base, esta primera experiencia organizada por popes “anti-mercado” como Fernanda Laguna (Belleza y Felicidad), Gustavo López (espacio Vox), y Gustavo Crivilone entre otros, y consiguió reunir a cerca de 100 proyectos.

El Centro Cultural Borges –que históricamente no ha hecho buena letra con los independientes- de las Galerías Pacífico se vio invadido, literalmente, por una importante muestra de la producción artística emergente de todo el país.

Un usuario habitual esperaría encontrar a los porteños postpunks de siempre, pero Periférica demandaba más tiempo (y menos glamour en el aspecto del visitante) para su recorrido que la última feria de galerías Arteba.

Periférica fue un gesto de apertura de sus organizadores, que plasmó con eficacia la diversidad y heterogeneidad de la producción reciente. Un sueño hecho realidad donde el asistente, como Homero Simpson en el planeta de las rosquillas, pasaba de los originales de Max Cachimba a la venta en el Club del Dibujo, a las obras de Antonio Becerro (perros embalsamados y posteriormente intervenidos). El hecho que las obras plásticas, aunque estuvieran a la venta, no hubieran sido concebidas con expectativas comerciales ni con criterios museísticos, sumado al diálogo en el espacio con las lo musicales y editorial, completaba un paseo caleidoscópico. Así los proyectos de Tucumán, Chubut, Neuquén, Salta, Entre Ríos, Santa Fé, y obviamente Córdoba, ofertaban con precios a la altura de los bolsillos de un ciudadano clase media, y probablemente buenas posibilidades de entrar en la carteras de las señoras enchapadas en oro de calle Florida.

Las producciones

En cuanto a lo expuesto, cabe destacar, la copiosa exhibición de dibujo (evidentemente la economía de su producción es una explicación) algunos de ellos a lapicera. Abundancia, también, del collage y de otras obras de factura manual, inclusive, con materiales reciclados o recogidos de la calle. Por caso, los libros a mano de Eloisa Cartonera. Las pequeñas ediciones, menos ampulosas que las comerciales, pero delicadas e inhallables movieron el talonario de recibos con eficacia.

En el ámbito pictórico, y contrariamente a las suposiciones, había mucho para ver de casi todas las provincias, y si algo quedaba claro en este campo es la disparidad de búsquedas: hiperrealismo, abstracto, figurativo, todo vale. Todo con calidad y, por cierto, con ventas. La fotografía y el vídeo tuvieron un lugar de privilegio, con una reivindicación de la figura humana, hacia la temática sexual en algún caso, hacia la belleza de los cuerpos comunes en otros.

Los Cordobeses que dijeron presente fueron los Casa 13; Arreboles de Mequetrefe, de Ana Volonté y Julia Tamagnini; Lucas di Pascuale con su “I love my car”; Loba Producciones donde se entregaban pequeñas obras de Cuqui a los afortunados curiosos y los videastas Arte Proteico que montaron un cubo con bolas en su interior, donde los espectadores se recostaban para viajar al universo de sus audiovisuales. También, dentro de proyectos nacionales, estaban Dolores Esteve con sus autorretratos, Leticia El Halli Obeid, Cristian Román, Julia Romano, y los Dialogo Beat, compartiendo bateas, entre otros.

Independientes y autogestionados siempre de la mano

El aguante que representó la feria en el Borges puede ayudar a trazar un paralelo con lo local. La escena contemporánea independiente es, sin margen para la duda, la huerta cuyos frutos alimentan los circuitos comerciales y el oficial. Sin tener presente la glotonería de ambos ámbitos, nadie regó la huerta lo suficiente, y en estos momentos se la riega poco. Fruto de la escasez de recursos, y del espíritu de supervivencia –que los artistas han desarrollado con una capacidad sólo comparable a las cucarachas de Nagasaki- la escena ha profesionalizado una costumbre de autogestión y de colectivización cuyos resultados se ven a diario. También cabría decir que se ven en el diario.

El intercambio multidisciplinario entre los artistas, gracias a cierta conciencia de “o nos salvamos todos, o ninguno” sumado a las posibilidades de información que ofrece la internet y –hay que decirlo- un creciente interés de algunas instituciones por interactuar con los artífices de la producción “alternativa” (las comillas deberían ser enormes, pero cabe el término) ha configurado un escenario que sobrevive y no sólo genera obra cargadas de experimentación, sino que se gestionan espacios y fondos. Fruto de la posibilidad cierta de construir espacios y para-instituciones, aparece una capacidad legitimadora con peso específico propio.

Así como cualquier conductor intenta reparar su auto, si este se detuvo en el medio de un paraje desértico, en términos de políticas culturales, queda delimitada una fractura histórica en la realidad artística y creativa. Lo independiente, y su capacidad de autogestión ha subsistido, ha persistido, por ausencia del estado. Si los grupos y espacios se están organizando y están produciendo, es el momento de ayudarlos. Ahora.

Por eso, empresas y fundamentalmente un Estado que quiera merece su E mayúscula debería prodigar vida y recursos a los que no tienen ni presupuesto públicos, ni posibilidades comerciales.

Si se propone definir independiente, se habla de autonomía o de no pertenencia a supraestructuras. Pero de independiente, a abandonado hay un trecho que se acorta o alarga en función de la voluntad de dialogo de los representantes del Estado. Con o sin mayúsculas.

Noche con premio para la escena independiente local

Noche del 7 de Diciembre, una parte del mundillo independiente cordobés celebra un año más en la cuenta. Es un poco tarde y la variedad de bebidas se restringe a cerveza. Marcelo Massa baila a un costado, mientras todo el grupo del teatro minúsculo arenga a un Gonzalo Marull ataviado como un play boy. Están todos los integrantes del Cineclub El Corto. Andrés Oddone y Jorge Castro intercambian datos de sus respectivas giras. Ricardo Cabral se deja rodear por las chicas y cada uno celebra un año que demostró que Córdoba también es un lugar de emisión de señales y símbolos.

Así como la Cochera, tal vez el arquetipo de lo independiente, marcó el aniversario número 20 en su propia contabilidad, esta ciudad tiene un año más de perdón. Pero ese perdón conseguido durante el 2005, no proviene de las instituciones -aunque estás han estado y han hecho- sino de los artistas, grupos, colectivos, francotiradores, espacios, micro-editoriales, trincheras, y cooperativas que son el combustible que enciende el motor cultural de la parte de la ciudad, que no se hace cargo de ser “la docta”. Lo independiente en Córdoba tiene poder y tufillo, a fuerza de trabajo y de producir mucho del arte que está más cerca de la gente de a pié. El arte del esténcil, de las intervenciones urbanas. El de la pista de baile, y el del recital en la plaza.

Volviendo a la fiesta, mientras cada uno de los asistentes (casi en su totalidad bailarines en ese momento de la noche) saca su propias cuentas anuales, de proyectos concretados y por concretar, el destino les hace regalo una sorpresa. Dos tipos de doscientos centímetros entran a la fiesta, acompañando a una persona de baja estatura y campera rojo Marlboro. Manu Chao, salido de una reunión cumbre con la Mona, vio luz y entró sin invitación.

Una hora después, el rey de lo independiente está al volante de la cabina del djay, con todo el mundo bailando las ocurrencias del gurú. Una conclusión: permanentemente, en el ámbito independiente hay sorpresas, y la cerveza, del pico, sabe mejor.-

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