lunes, 1 de noviembre de 2004

Instituciones Culturales: Nuevos dueños

(Publicado en La Voz del Interior. 2004)

En la última década, fundamentalmente en este comienzo de siglo, la realidad de los proyectos e instituciones culturales ha variado 180 grados. Acopiando las experiencias recientes, los nuevos proyectos y espacios destinados a atender los temas relacionados con las artes y la cultura tienen la obligación de prescindir de la tradición paternalista, en temas de políticas culturales. Una costumbre local de consecuencias que todos podemos señalar.

Los espacios independientes, al igual que los colectivos, a pesar de tener que velar por su sustentabilidad, contienen muchas de las experiencias más interesantes de la oferta artística local: ¿ O acaso no es sabido que en materia de música actual, Casa Babylon es uno de los espacios más interesantes?, que la Fundación El Cíclope nunca decepciona con su programación, todo lo contrario. ¿Hay dudas que es en Documenta Escénica donde germinan muchos de los que escribirán la historia del teatro de las próximas décadas?, de la misma forma que todos esperan recibir el próximo número de la Pierda en el zapato, con lo misma ansiedad, que otras publicaciones Main stream . La lista podría ser infinita: Proyecto Pluja, M x M, etc. etc., y si en alguna medida no han desaparecido todas estas experiencias que sobreviven desamparadas de las políticas culturales, ignoradas por el mercado comercial, y en muchos casos desguarnecidas desde los medios de comunicación, es porque los artistas, los intelectuales, y por sobre todos la gente, los espectadores, los asistentes, no necesariamente militantes pero si que beneficiarios de los proyectos culturales, decididamente los apoya.

Este respaldo no es frecuente en el ámbito público, por consiguiente, hoy las instituciones culturales, en su bastedad no pueden seguir siendo una extensión de políticas demagógicas que responden a intereses partidarios. Hoy, estas instituciones, no pueden seguir preservando la costumbre de lo tribal, del gueto, del círculo íntimo de allegados.

Al contrario, los museos y los centros culturales deben ofrecen propuestas diversas para la riqueza y complejidad de las expectativas culturales de los cordobeses. Propuestas que excedan el personal y sus gustos, para formularse desde la discusión y el consenso de los intervinientes en el proceso de gestión: artistas, y espectadores.

En síntesis, quienes están al frente de instituciones culturales, sobre todo públicas, deben prescindir de su necesidad de acaparar prestigio personal, y de sus caprichos estéticos, para privilegiar las demandas de quienes son los verdaderos dueños, de quienes con su presencia transforman una sucesión de obras en una exposición: los ciudadanos.

Cultura, una prioridad

Aunque muchos de los cordobeses piensen que la inmediatez de una mejoría en el transporte público, o la inseguridad son prioritarios, el sostenimiento de una política cultural aporta a problemas igual de concretos, y tan instalados en el día a día de la sociedad.

Los teatros, los auditorios, y las ferias de artesanías, mediante su trabajo construyen ciudadanía y civilidad. Estos espacios, y sus propuestas son agentes modificadores de la idiosincrasia, en un lugar tan estratégico como Córdoba urbe universitaria de la que emergerán los profesionales del mañana con lo que hayamos podido ofrecerles, entre otras cosas, en materia cultural.

Los espacios culturales, decíamos, preservan el patrimonio de los pueblos, y lo que es más interesante aún lo constituyen sistemáticamente con cada concierto, en cada conferencia, durante cada exposición.

Identidad y contenidos de valor para el tiempo de ocio, haciendo de la cultura un factor de inclusión, convergencia, y pluralidad. Otra manera de combatir la violencia.-

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