Homenajes pendientes, citas y bifurcaciones de Jorge Luis Borges

Publicado en El Transeúnte insomne, especial para HDC, 3/9/26)

Más allá de algún desangelado recordatorio en medios de comunicación, pasó sin pena ni gloria —al menos desde la oficialidad— la Jornada Nacional del Lector. Instalada gracias a una Ley Nacional, esta semana no se habló lo suficiente sobre el valor y el placer de los libros. Con el caleidoscópico pretexto de recordar a Jorge Francisco Isidoro Luis Borges en su día, van un puñado de reflexiones para el ganador del mayor premio inexistente del mundo, autor de muchas de las mejores frases del SXX, protagonista de controversias y habitante de una antípoda. Nos sumergimos un momento en la galaxia de un escritor que sigue extraviado en los laberintos de la lectura.

El nacimiento de Borges, un porteño jueves 24 de agosto de 1899, es el anclaje de la Ley Nacional 26.754 de 2012, que reivindica, además del legado borgiano, la importancia de la lectura por placer.
Poeta, cuentista, ensayista, traductor, pero nunca novelista, nuestro eterno candidato al Nobel —que no recibió— generó tanta electricidad con su espera circular, sinuosa y espejada que Mario Vargas Llosa, al ser distinguido por la Academia Sueca, dijo: "Pues me da un poco de vergüenza recibirlo yo, no habiéndolo recibido Borges". Indiscutido referente de la lengua, “Georgie” —como le apodaban sus cercanos— ha dejó obras cumbres como —y cumplo en reconocerme un lector pedestre de biblioteca imposible— el poemario Fervor de Buenos Aires (1923), Ficciones (1944), El Aleph (1949) o El libro de arena (1975), entre tantas piezas de relojería lingüística que integran la vasta biblioteca de traducciones, ensayos y, especialmente, cuentos.

La injusticia de llamarse Jorge Luis
Hay tanto para decir de Borges que no podemos hacerle justicia, ni remotamente, en un texto menor a una tesis doctoral. Incluso abordar alguno de los muchos temas que orbitan su figura son motivo de extensas reflexiones: ¿Cuáles fueron las causas por las que no recibió el Premio Nobel? ¿Por qué otros escritores de nuestro idioma fueron más y mejor homenajeados? Hay ríos de tinta sobre este tema que incluyen el hecho de que Borges había aceptado, por ese entonces, una distinción de un gobierno de facto como el pinochetista; que la diplomacia argentina solía ser muy laberíntica pero poco borgiana; por mera ignorancia —no hay que descartarlo—; o por alguno de sus filosos dichos.
En ese sentido, es probable que los motivos políticos hayan tenido mucho peso, una razón que él mismo transformaba en ironía: "Está bien que no me lo den; no me lo merezco. Pero eso hace que muchos se sientan culpables y me otorguen otros premios".

Un bibliotecario citado
Un bibliotecario de sueños y reflejos (efectivamente trabajó en la Biblioteca Nacional hasta que se sintió obligado a renunciar por ser “ascendido” a Inspector de mercados de aves de corral por el gobierno), más que escritor, es una memoria viajante, un minotauro recorriendo los cánones de la literatura. Y sin dudas uno de los lectores más importantes de la historia. Justamente definió a “la lectura como una forma de felicidad” y también dejó esta frase: "Que otros se jacten de las páginas que han escrito; yo estoy orgulloso de las que he leído".
Tiene citas tan bestiales como algunos de sus personajes: “¿Para qué sirve la poesía? Y yo les he dicho: bueno… ¿Para qué sirve la muerte? ¿Para qué sirve el sabor del café? ¿Para qué sirve el universo? ¿Para qué sirvo yo? ¿Para qué servimos? Qué cosa más rara que se pregunte eso, ¿no?"
Y, para no abrumar a nadie, con estas dos referencias liberamos al lector así se va corriendo a comprar uno de sus magníficos libros: "Todos caminamos hacia el anonimato, sólo que los mediocres llegan un poco antes" y, la que tal vez sea más adecuada para la ocasión: “De todos los instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; tenemos el arado y la espada, extensiones del brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y la imaginación."


Las dos orillas de una literatura caudalosa

Tan brillante como polémico, muchos consideran que su némesis histórica fue Julio Florencio Cortázar, cuyo aniversario, el 26 de agosto, podría estirar hasta una semana la celebración de la lectura. Inclasificables, ambos monumentales, no hubo uno mejor que el otro, ni debemos caer en la trampa de los antagonismos forzados. Más allá de sus itinerarios diferentes, uno era clasicista y erudito; el otro, aperturista y moderno; uno riguroso, el otro juguetón; uno purista, trascendentalista y cuentista, el otro un profesional amasando las formas de la novela.
Y, aunque hubo cortesía entre ellos, podríamos afirmar que habitaban las antípodas de la ideología. Mientras Cortázar militó activamente los derechos humanos y estuvo cerca de movimientos como la Revolución Cubana, el sandinismo de Nicaragua —en ese entonces perfumados de un romanticismo que se agrió con el pasar de las décadas—, Borges fue un escéptico perpetuo que defendió el liberalismo tanto como el individualismo.
Se autopercibía profundamente antiperonista y opuesto a los nacionalismos, lo que (y perdón por incumplir la promesa de pocas citas) le permitió ironizar con esta frase: "Para mí la democracia es un abuso de la estadística”.-

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Excelente columna! Gran abrazo