En estos días La Librería del Palacio me regaló la posibilidad de leer Psicopompo, el último libro de Amelie Nothomb, editado por Anagrama, 2026. La autora, francesa pero nacida en Tokio -como indican tanto su biografía como este libro en particular-, goza de un reconocimiento global y el gran premio de la Academia Francesa es solo un ejemplo. Entre su prolífica producción se destacan sus novelas Estupor y temblores (1999) y su siguiente, Metafísica de los tubos (2000), que la ubicaron en el centro de la escena literaria mundial. Años más tarde nos deja esta pieza de encaje fino, como si fuera una prenda íntima y arriesgada.
No ha faltado quien la considere una "autobiografía aviar". Y algo de eso hay en esa incomodidad que, al acceder a este texto, produce la sensación de ser un ornitólogo de la vida de la autora. Breve pero poderoso, de una experiencia inmersiva, casi de caída dentro de los traumas de una niña, una joven y una mujer, el libro relata un milagro y su posterior condena: "Los milagros son casi siempre de doble filo: Lázaro olía mal, el ciego curado pudo constatar la fealdad de las cosas. Por lo que a mí respecta, enseguida supe que había que pagar un precio: la angustia permanente de volver a caer en el abismo." Ciertamente "…el roce del aire, las corrientes imprevistas, el gesto justo, ni demasiado ampuloso, ni demasiado sincopado, a la distancia correcta respecto de lo real que más que nunca se corresponde con la definición de Lacan: aquello contra lo cual nos estrellamos", y esa es la sensación dérmica que deja Psicopompo (cuyo significado remite a esos guardianes que escoltan, sin juzgar, a las almas desde acá hasta el más allá). Para quienes no han leído otras obras de Nothomb, pareciera entrar por la ventana a su cuerpo y a su cuerpo de obra, pero "la intención es esa voluntad que tensa la realidad hasta el punto de darle la vuelta como un guante".

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