Vimos #Spider-Noir, la serie basada en la franquicia de Marvel Comics, protagonizada por Nicolas Cage y desarrollada por Oren Uziel.
Harry Bradbeer, productor y en cierta medida director, confiesa desde el comienzo que tomó a Humphrey Bogart (me duele aclararlo, pero por las dudas: El halcón maltés, 1941) como referencia. Y eso se nota. Es una serie maravillosa que ofrece la opción de disfrutarse en blanco y negro o en colores desde la plataforma; un viaje estupendo a la adolescencia del cine, con todo el encanto del celuloide transitando las décadas del 30 y 40.
Este Hombre Araña, maldito y bendecido a la vez por sus poderes, es un personaje estupendamente diseñado que se mueve con comodidad en una escenografía que nos traslada a lo que —para muchos, e inclúyannos por favor— ha sido el mejor momento de la historia del arte cinematográfico. Una fotografía de diagonales marcadas y puntos de fuga vertiginosos sirve de panorámica para personajes con un vestuario exquisito (que en este preciso momento me arrepiento de no haber espiado, al menos por un instante, en colores), con especial mención para los trajes de Li Jun Li y Lamorne Morris.
En tiempos de Ley Seca, donde los personajes beben whisky a toda hora y fuman como cuando parecía hacer bien lanzar esas sensuales volutas de humo enmarcando los rostros, Spider-Noir se ve obligado a salir de su zona de confort: el fracaso, la abulia y el desencanto. Su misión será luchar contra los supervillanos, y sus únicas defensas serán las frágiles redes arácnidas y el poderoso arsenal de frases impertinentes. Dicho de otra forma, los diálogos son pequeñas esculturas textuales.
La música, otro punto altísimo de esta breve serie de ocho episodios, es una mágica alquimia de jazz nocturno con perfume a club neoyorquino y piezas de ritmo gráfico, todo muy pulp. De la banda sonora, hay que subirle el volumen a Saving Grace, de la artista KIRBY, tan cercana a Amy Winehouse como adornada con retazos de Bessie Smith.
Cargada de guiños para los fanáticos de los cómics y el universo Marvel, pero tejida con elementos del cine clásico de Orson Welles, los primeros Frankenstein, y los maestros del blanco y negro, esta obra es una encantadora oportunidad para viajar al desencanto de los freaks y renovar, una vez más, nuestro amor por el séptimo arte.
Disponible en Amazon Prime Video.

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