Publicado en el El transeúnte insomne, HDC. 18/06/2026
Un golazo de la tecnología
Los espectadores deberemos cuidarnos de no naufragar en un mar de información con muchas olas falsas, pero no serán todas malas noticias: habrá mayor accesibilidad y traducción inmediata del campo de juego para diferentes tipos de aficionados con discapacidades.
Partidos en alta definición cortados en pedacitos
Se trata del mundial más caro de la historia, un problema menos para quienes le veremos en casa. Acá podremos ver cada gota de sudor así como la explosión de pequeñas hebras de pasto elevadas por un zurdazo certero, gracias a las tecnologías de alta definición en la transmisión. Las imágenes llegarán nítidas y prolijas a nuestros grandes televisores planos sin demora. Por su lado, las redes sociales irán invadiendo nuestra atención de forma simultánea y, para muestra, alcanza con mencionar que la FIFA invitó a 48 tiktokeros para que vayan haciendo sus pedacitos de pasión con sabor a pantalla aptos para una población con mínima capacidad de atención.
Antes todo cabía en 20 pulgadas
No está en TikTok y la IA tampoco lo ha descubierto pero el primer mundial que recuerdo fue México 1986. Nos acabábamos de mudar lejísimo, a las profundidades de la Recta Martinoli. Nuestra casa, hoy ha sido demolida y convertida en estación de servicio. Aquel living, donde Maradona hizo el gol más mágico de la historia, hoy está habitado por surtidores de Shell y los lectores que vayan podrán optar por nafta premium donde ese niño que fui, miraba los partidos en un televisor Hitachi de 20 pulgadas.
Como vivíamos lejos teníamos mala señal y, la antena, además de poseer un extraño suplemento de aluminio, podía sufrir interferencias si alguien se movía, así que todo el mundo se quedaba más o menos quieto hasta el momento de los abrazos.
Los jugadores eran puntitos de colores muy similares a la tarea de puntillismo con papel glasé que nos obligaba a hacer la seño de plástica, pero su magnetismo era igual o más poderoso que el actual.
A esa final de México 1986, la vimos calefaccionados con una estufa de kerosene que también servía para mantener la pava a temperatura mundialista. La expectativa era electrizante, y como todos miraban el televisor, fuí él único que notó un suceso inusual. La Renoleta de mis viejos, atraída por ese momento histórico salió sigilosamente del garage y, sin que nadie lo percibiera, se asomó por la ventana para ver los últimos 10 minutos de ese histórico partido, cuando la Argentina batallaba contra Alemania Federal. Nuestro auto había elevado la trompa y sus faros redondos pudieron observar cómo Diego Armando Maradona hacía historia asistiendo al tercer gol que enloqueció al mundo entero.

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