Mi último deseo: Lean “Las Gratitudes”

Ayer leí "Las gratitudes", de Delphine de Vigan (Anagrama). Es una novela pequeña y luminosa donde un escenario, por momentos ominoso, se enciende gracias al mérito de las voluntades individuales.

Cuando el telón de la vida cae lentamente, las grandes actuaciones de nuestro recorrido vital exigen un reconocimiento. Ejercer esa gratitud (más valioso para quien la da que para quien la recibe —un principio que resuena en antiguas religiones y mantras—) es un peso real y una asignatura pendiente en nuestra escala de valores. Estar al lado de esa persona fundamental, destinataria de nuestro agradecimiento, es un acto de presencia, de habla y -fundamentalmente- de presencia.

La novela se detiene en los desafíos del lenguaje y en el valor de cada palabra frente a la ausencia paulatina de nosotros mismos en nuestra propia vida. En ese corrimiento de la voluntad, sobreviven los últimos destellos del deseo: la urgencia de dar las gracias.

Redactada de manera despojada y contada con la memoria y sus deudas como protagonistas, la historia dibuja personajes nítidamente presentes en un tiempo que se diluye. Es una iluminación que encandila tanto al relato como al lector. La dulce voluntad de cada protagonista nos convoca a pequeños páramos en medio de la devastación antes de la desaparición final.

Lejos de cualquier ánimo luctuoso, esta es una obra sobre la luz radiante que irradian las gracias pendientes; la secreta fórmula de una justicia casi divina y el bálsamo de la serenidad.


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