Vimos la última película de Paolo Sorrentino, La grazia (2025). El director de La gran belleza y Fue la mano de Dios posee una filmografía tan grande como su talento, pero es en estos territorios reciente donde le seguimos con mayor entusiasmo. En esta ocasión, su lente se detiene en la figura del presidente de Italia, una institución que, bajo el modelo parlamentario, suele habitar una zona de menor exposición pública (recordemos que actualmente Giorgia Meloni ejerce como primera ministra, mientras que Sergio Mattarella -menos visible- lleva la presidencia).
Para protagonizar esta obra, Sorrentino eligió una vez más a Toni Servillo, su actor fetiche. La complicidad entre ambos nos evoca inevitablemente el binomio icónico que conformaron Federico Fellini y Marcello Mastroianni en la historia del cine mundial. Volviendo, cabe recordar que fue justamente Servillo quien le dio vida al inolvidable Jep Gambardella en La gran belleza, film que cosechó el Oscar a la mejor película extranjera.
La #grazia es una delicada y precisa reflexión sobre una persona que atraviesa un momento vital definitivo, obligado a enfrentarse al balance —siempre espinoso— de sus días. Su profesión, su rol social, su ideología, y hasta el final de su amor atraviesan un relato donde la fotografía, la iluminación y los ambientes cobran un poderoso protagonismo convergente con los sueños de las personas que les habitan.
El director desliza, entre todas estas circunstancias, su propia lectura de política y ética. En cierta medida parece esperar del espectador no solo el deleite estético, sino algo mucho más humano: compañía. La misma que buscan sus personajes. Ya está disponible en Mubi, esa plataforma que sigue haciendo todo bien: por empezar, está con nosotros. O sea, también, acompañarnos.-

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