Misteriosamente la ternura, por muy frágil que parezca, es el material que más dura. Y la paternidad —escribo paternidad y escribo maternidad— es el mejor ejemplo. De todos los sustantivos abstractos que pueblan nuestro diccionario emocional, la presencia de un padre o una madre, tan poderosa como evanescente, sigue siendo la materia prima, el personaje central en la vida de las personas.
A manera de ejemplo, entre las candidatas a los oscars, la profunda Valor sentimental, así como la dolorosa Hamnet, la terrible Sirat, la magnífica Una batalla tras otra e incluso la delicadísima Sueños de trenes, centran su trama en ese amor incondicional, ese concepto cuya matemática es inabarcable para las máquinas y los redactores computarizados.
Esta semana vimos Sirat y Valor sentimental, ambas muy buenas. Mientras que la primera es una engañosa comedia que lejos de hacernos reír nos traslada a la peor de nuestras pesadillas en un mar de desesperación como esos sueños pastosos de los que no podés salir empantanado en paisajes y situaciones que no se resuelven. Un guión desesperante, redactado por un cordobés.
Valor sentimental, por su parte, es un espejo donde mirarnos las entrañas de nuestras emociones.Pequeñas anécdotas domésticas se hilvanan en un drama noruego dirigido por Joachim Trier, con actuaciones de Renate Reinsve, Inga Ibsdotter Lilleaas, y un papelazo de Stellan Skarsgård cuya mirada consigue narrar lo imposible. Sus ojos son el 50% del film cada vez que, desesperadamente, buscan consuelo y la redención por la vía de la creación.
La casa, el hogar como recurso totémico, ocupa un lugar central en el relato, una suerte de alegoría a La Vida Instrucciones de uso, de George Perec.
Tan conmovedora como valiosa, disponible en MUBI.-
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